Don, don, don, don,
tintineo de campanas en la plaza del pueblo.
Gnnnnnnnnnnnnnn,
Llanto de ventanas por el tiempo deslucidas.
Fiuuuuuuuuuuuuuu,
Hojas que danzan al son que les dicta el viento.
Tilín, tilín, tilín, tilín,
Ruido de cadenas, prisioneras de agónicos lamentos.
Abro mi ventana, tintinean las campanas,
la noche oscura marca, el comienzo de las horas brujas.
Nadie en la calle anda, no se ve nada,
tan solo, en la oscuridad, buscadores de princesas
a carboncillo y pellizco maquilladas.
De la remota iglesia, un grito ensordecedor clama,
quién será el despreocupado, que entre las tinieblas vaga.
En la ábside de la torre una sombra garabateada,
libera un dulce sonido, que mis bajos instintos destapa.
Libero el deseo que dentro de mí se guarda,
la sombra flota en el aire, como hojas en el agua.
Ensordecedor silencio, como serpientes entre cañadas,
la sombra me ha envuelto, en una interminable danza.
Hora de cadenas y lamentos, como cuchillos
sus colmillos se clavan.
Gota de sangre perdida,
contra el suelo cual lágrima estrellada.
Don, don, don, don,
tintineo de campanas en la plaza del pueblo.
Gnnnnnnnnnnnnnn,
Llanto de ventanas por el tiempo deslucidas.
Fiuuuuuuuuuuuuuu,
Hojas que danzan al son que les dicta el viento.
Tilín, tilín, tilín, tilín,
Ruido de cadenas, prisioneras de agónicos lamentos.
Desprendida la inocencia,
la sombra sobrevuela mi destino,
calvario de cadenas y lamentos,
ahora estruendoso ruido.
Entre las hojas diviso,
grandes seres antes escondidos,
con cada objeto que siento,
se agudizan mis sentidos.
Toco el frio barrote,
ahora fragua de Hefesto,
quema mi mano fría,
en mí un dolor funesto.
Me siento sombra en la noche,
me siento arder en el estío invierno.
Nunca volveré a ver el mundo,
como en los viejos tiempos,
atado a las tinieblas,
nuevo azote de vuestros siervos.
tintineo de campanas en la plaza del pueblo.
Gnnnnnnnnnnnnnn,
Llanto de ventanas por el tiempo deslucidas.
Fiuuuuuuuuuuuuuu,
Hojas que danzan al son que les dicta el viento.
Tilín, tilín, tilín, tilín,
Ruido de cadenas, prisioneras de agónicos lamentos.
Abro mi ventana, tintinean las campanas,
la noche oscura marca, el comienzo de las horas brujas.
Nadie en la calle anda, no se ve nada,
tan solo, en la oscuridad, buscadores de princesas
a carboncillo y pellizco maquilladas.
De la remota iglesia, un grito ensordecedor clama,
quién será el despreocupado, que entre las tinieblas vaga.
En la ábside de la torre una sombra garabateada,
libera un dulce sonido, que mis bajos instintos destapa.
Libero el deseo que dentro de mí se guarda,
la sombra flota en el aire, como hojas en el agua.
Ensordecedor silencio, como serpientes entre cañadas,
la sombra me ha envuelto, en una interminable danza.
Hora de cadenas y lamentos, como cuchillos
sus colmillos se clavan.
Gota de sangre perdida,
contra el suelo cual lágrima estrellada.
Don, don, don, don,
tintineo de campanas en la plaza del pueblo.
Gnnnnnnnnnnnnnn,
Llanto de ventanas por el tiempo deslucidas.
Fiuuuuuuuuuuuuuu,
Hojas que danzan al son que les dicta el viento.
Tilín, tilín, tilín, tilín,
Ruido de cadenas, prisioneras de agónicos lamentos.
Desprendida la inocencia,
la sombra sobrevuela mi destino,
calvario de cadenas y lamentos,
ahora estruendoso ruido.
Entre las hojas diviso,
grandes seres antes escondidos,
con cada objeto que siento,
se agudizan mis sentidos.
Toco el frio barrote,
ahora fragua de Hefesto,
quema mi mano fría,
en mí un dolor funesto.
Me siento sombra en la noche,
me siento arder en el estío invierno.
Nunca volveré a ver el mundo,
como en los viejos tiempos,
atado a las tinieblas,
nuevo azote de vuestros siervos.
Última edición: