susi underground
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis padres no me dejaban ir a la casa de mi amigo Manuel,
hijo de Extremadura desarraigado en el extrarradio de mi barrio.
A decir verdad, no era una casa como la mía.
En medio había una estufa de hierro con un tubo hasta el techo
sumido en lentejuelas de cartones nacarados
por donde el humo de los silencios salía.
El dulce corazón de Jesús presidía la única estancia,
dividida por cortinas colgadas de cuerdas amarillas,
su retrete era el campo, su ducha, un balde de agua fría.
Y, sin embargo, mi amigo Manuel me quería más que nadie,
más que mi madre y mi padre juntos, más que los astros,
más que el profundo mar quiere a la dulce ría.
Con catorce años recién cumplidos, nos cogimos de la mano
camino del cementerio y allí juntamos nuestros cuerpos,
recién estrenados, con premeditación y alevosía.
Dónde pueda estar Manuel, ya no es de mi incumbencia,
sino de la escarcha en el prado, del rocío transparente,
de mi memoria, que siempre es tan selectiva.
hijo de Extremadura desarraigado en el extrarradio de mi barrio.
A decir verdad, no era una casa como la mía.
En medio había una estufa de hierro con un tubo hasta el techo
sumido en lentejuelas de cartones nacarados
por donde el humo de los silencios salía.
El dulce corazón de Jesús presidía la única estancia,
dividida por cortinas colgadas de cuerdas amarillas,
su retrete era el campo, su ducha, un balde de agua fría.
Y, sin embargo, mi amigo Manuel me quería más que nadie,
más que mi madre y mi padre juntos, más que los astros,
más que el profundo mar quiere a la dulce ría.
Con catorce años recién cumplidos, nos cogimos de la mano
camino del cementerio y allí juntamos nuestros cuerpos,
recién estrenados, con premeditación y alevosía.
Dónde pueda estar Manuel, ya no es de mi incumbencia,
sino de la escarcha en el prado, del rocío transparente,
de mi memoria, que siempre es tan selectiva.