pumuki
Poeta asiduo al portal
Mi desesperanza llora en la ventana
con pucheros llenos de dolor y de rabia,
fue a besar la bella luna pero la maldita
le retiró, asqueada, su blanca mejilla.
Sueña con poder llegar a amarla algún día,
sueña con poder alcanzar la esperanza y la alegría
pero la luna muy resignada u muy impía
todos los sueños de mi esperanza rompía.
Así consiguió llamarse desesperanza, es triste,
es una larga historia, de amor nada tiene
porque solamente hay tristeza y oscuridad
en las noches que la luna desaparece en totalidad.
Un día, la esperanza, le llevó flores a la pálida estrella
pero como era tan orgullosa las cogió despreocupada
y mi esperanza volvió a mi ventana y sin darse cuenta
se las regaló a su amante la primavera.
Otra noche, hermosa, de verano la esperanza le regaló
un bello y brillante collar de perlas de Mallorca
pero tan vanidosa es ella que le pareció poca cosa y se las dio
a la parca noche de Santiago que todos los años lo enseña.
La desesperación le aconsejó a mi dolida esperanza
invitar a un vaso de fresca leche a la tísica luna;
bebieron leche juntas pero ella era tan asquerosa que la devolvió
y una gran mancha en el cielo dejó en forma de láctea galaxia.
LLorando y en los últimos intentos por conquistarla,
las musas le aconsejaron en escribirle unos poemas
pero era tan frívola la pobre y tonta luna
que al leerlos los rompió todos ellos y los arrojó al vacío
y vagando rotos se convirtieron en la música del silencio.
Muerta de dolor y angustia, la desesperanza, la miró
desde mi ventana durante la noche y el día, la contempló;
pero la muy presumida luna la lastimó y la gritó
tan fuerte, tan fuerte que mi esperanza herida y sorda se quedó.
Por eso solamente tiene ojos para ella, la blanca luna;
sangra como recuerdo del dolor que su amor le causa
y es la razón por la cual no escucha la falsa esperanza;
mi desesperanza la llora durante mucho tiempo y continúa...
con pucheros llenos de dolor y de rabia,
fue a besar la bella luna pero la maldita
le retiró, asqueada, su blanca mejilla.
Sueña con poder llegar a amarla algún día,
sueña con poder alcanzar la esperanza y la alegría
pero la luna muy resignada u muy impía
todos los sueños de mi esperanza rompía.
Así consiguió llamarse desesperanza, es triste,
es una larga historia, de amor nada tiene
porque solamente hay tristeza y oscuridad
en las noches que la luna desaparece en totalidad.
Un día, la esperanza, le llevó flores a la pálida estrella
pero como era tan orgullosa las cogió despreocupada
y mi esperanza volvió a mi ventana y sin darse cuenta
se las regaló a su amante la primavera.
Otra noche, hermosa, de verano la esperanza le regaló
un bello y brillante collar de perlas de Mallorca
pero tan vanidosa es ella que le pareció poca cosa y se las dio
a la parca noche de Santiago que todos los años lo enseña.
La desesperación le aconsejó a mi dolida esperanza
invitar a un vaso de fresca leche a la tísica luna;
bebieron leche juntas pero ella era tan asquerosa que la devolvió
y una gran mancha en el cielo dejó en forma de láctea galaxia.
LLorando y en los últimos intentos por conquistarla,
las musas le aconsejaron en escribirle unos poemas
pero era tan frívola la pobre y tonta luna
que al leerlos los rompió todos ellos y los arrojó al vacío
y vagando rotos se convirtieron en la música del silencio.
Muerta de dolor y angustia, la desesperanza, la miró
desde mi ventana durante la noche y el día, la contempló;
pero la muy presumida luna la lastimó y la gritó
tan fuerte, tan fuerte que mi esperanza herida y sorda se quedó.
Por eso solamente tiene ojos para ella, la blanca luna;
sangra como recuerdo del dolor que su amor le causa
y es la razón por la cual no escucha la falsa esperanza;
mi desesperanza la llora durante mucho tiempo y continúa...
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