Teo Moran
Poeta fiel al portal
El mar está en calma mi golondrina,
sereno en la magnitud del horizonte,
solo hay unas nubes cubriendo la cima
y debajo los plataneros dormitan
al abrigo de un acantilado silente,
sus colores llenan mis pupilas,
esmeralda, gris y a lo lejos un azul
que se curva y después se rompe.
Mi golondrina, las olas golpean las rocas
con un continuo ir y venir nacarado
donde sé que nunca se harán mis pasos,
donde solo el latir de tus alas abiertas
toman la desnudez de las palmeras,
en el desdén de una brisa herida
que baja desde la rambla temprana,
por las aristas finas de la montaña
y en lo alto el volcán vela su figura,
se oculta tras unas acervadas nubes,
y sé que también te pierdes tras su estela,
que te alejas con tu huidizo vuelo
en pos del amor que llevas dentro.
El mar está en paz mi golondrina,
las casas en las ondulaciones del paisaje
lo miran con temor, otras conmovidas,
y debajo los plataneros gobiernan la orilla
al abrigo de esta silenciosa tarde.
Oigo trinar a las aves del paraíso
pero sé que sus canciones son fugaces,
sé que aunque canten a mi lado
su hermosa melodía mi golondrina
solo habla de la ausencia de tus labios,
del perdigón pequeño y asustado,
de como abriste tus alas ligeras
y le diste refugio entre tus manos,
mientras, las palmeras silenciosas
al abrigo del acantilado indiferente
buscan cobijo bajo los tejados…
¡Pero mi golondrina que vuelas libre,
el mar tranquilo continua callado
y allí sé que nunca se harán mis pasos!