Quisiera amar el paisaje
sublime de su figura,
degustar de la dulzura
que mana de su embalaje;
curar con miel y vendaje
a su corazón deshecho
y con su rostro en mi pecho
secar sus lágrimas rosas;
decirle frases hermosas
a la sombra de mi lecho.
Pero mi mano pequeña
no alcanza a tocar la luna;
dormita sobre la cuna
que supo labrar su dueña,
por quien suspira, a quien sueña
y ocupa sus pensamientos
y, aunque por solo momentos,
mis ojos busquen su esencia,
nunca estará en mi conciencia,
jugar con sus sentimientos.