JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
MI NOMBRE EN UNA PLAYA
Si pudiera,
si la vida me diera la oportunidad,
volvería a ese lugar
donde un día, tú y yo, nos encontramos:
La mañana de aquel invierno ya lejano
en una playa solitaria.
Recuerdo la bahía frente al pueblo,
la lluvia mansa y apocada.
Recuerdo la niebla pálida escondiendo
los nombres de los barquitos en el puerto.
Recuerdo la silueta de los paraguas
como murciélagos oscuros por el cielo.
Recuerdo cada barco, cada vela,
cada casita blanca y encalada;
y recuerdo el vuelo de las gaviotas
sobre los pesqueros mar adentro.
Y sobre todo
te recuerdo a ti, a lo lejos,
como una pequeña mariposa que volaba
por la orilla de una playa solitaria.
Recuerdo tu vestido,
el pañuelo el mohín de tu cabeza.
Recuerdo la blancura de tus manos
tus pies desnudos y ligeros tu sombrero;
y recuerdo como mirabas al mar, en la distancia,
con todo el silencio del mundo a tus espaldas.
Nunca nos hablamos. Es cierto.
Éramos dos desconocidos caminando
por una playa solitaria.
Volviste la cabeza
y se cruzaron por un momento, tu mirada y mi mirada.
Me sonreíste ¿lo recuerdas?,
¡cómo podría ya olvidarlo!
Detuviste tus pasos ante mi
y te agachaste, para escribir sobre la arena
apenas unas letras con tus manos.
Me volviste a sonreír
y sentí como te alejabas en silencio,
como una hoja mecida por el viento.
Me asomé al borde de aquella orilla,
allí donde rompían las olas a tu paso.
Vi tus huellas perfiladas
y el trazo de aquellas tus palabras escritas en la arena:
¡Espérame Manuel no te vayas! gritaban-
Pero apenas pude retenerlas...
las olas se las llevaron
como a un barquito la marea.
Nunca supe quién eras,
ni porqué escribiste mi nombre en esa playa.
Tal vez quiso el azar
que un antiguo amor
se llamara igualmente como yo
quizás un joven marinero,
que prometiendo amor eterno,
se llevó tu corazón.
Ha pasado mucho tiempo,
y sin embargo, todo permanece en mi recuerdo:
Tu cara, tu sonrisa tus palabras
Todo
todo lo guardo como un tesoro
en la playa solitaria de mi alma.
Solo decirte si me escuchas
que yo nunca te olvidé;
y que aquí te seguiré esperando, en esta orilla,
como un náufrago solitario.
Nunca perdí la esperanza
de ser yo aquel hombre
cuyo nombre pregonabas...
¡Espérame Manuel no te vayas! -¿lo recuerdas?
Hoy te escribo este poema
y lo lanzo al mar en mi botella
para decirle al mundo con mis versos
que cada año,
cada invierno,
cada día,
yo te seguiré esperando en la bahía
de esta playa solitaria.
--oOo--
Si pudiera,
si la vida me diera la oportunidad,
volvería a ese lugar
donde un día, tú y yo, nos encontramos:
La mañana de aquel invierno ya lejano
en una playa solitaria.
Recuerdo la bahía frente al pueblo,
la lluvia mansa y apocada.
Recuerdo la niebla pálida escondiendo
los nombres de los barquitos en el puerto.
Recuerdo la silueta de los paraguas
como murciélagos oscuros por el cielo.
Recuerdo cada barco, cada vela,
cada casita blanca y encalada;
y recuerdo el vuelo de las gaviotas
sobre los pesqueros mar adentro.
Y sobre todo
te recuerdo a ti, a lo lejos,
como una pequeña mariposa que volaba
por la orilla de una playa solitaria.
Recuerdo tu vestido,
el pañuelo el mohín de tu cabeza.
Recuerdo la blancura de tus manos
tus pies desnudos y ligeros tu sombrero;
y recuerdo como mirabas al mar, en la distancia,
con todo el silencio del mundo a tus espaldas.
Nunca nos hablamos. Es cierto.
Éramos dos desconocidos caminando
por una playa solitaria.
Volviste la cabeza
y se cruzaron por un momento, tu mirada y mi mirada.
Me sonreíste ¿lo recuerdas?,
¡cómo podría ya olvidarlo!
Detuviste tus pasos ante mi
y te agachaste, para escribir sobre la arena
apenas unas letras con tus manos.
Me volviste a sonreír
y sentí como te alejabas en silencio,
como una hoja mecida por el viento.
Me asomé al borde de aquella orilla,
allí donde rompían las olas a tu paso.
Vi tus huellas perfiladas
y el trazo de aquellas tus palabras escritas en la arena:
¡Espérame Manuel no te vayas! gritaban-
Pero apenas pude retenerlas...
las olas se las llevaron
como a un barquito la marea.
Nunca supe quién eras,
ni porqué escribiste mi nombre en esa playa.
Tal vez quiso el azar
que un antiguo amor
se llamara igualmente como yo
quizás un joven marinero,
que prometiendo amor eterno,
se llevó tu corazón.
Ha pasado mucho tiempo,
y sin embargo, todo permanece en mi recuerdo:
Tu cara, tu sonrisa tus palabras
Todo
todo lo guardo como un tesoro
en la playa solitaria de mi alma.
Solo decirte si me escuchas
que yo nunca te olvidé;
y que aquí te seguiré esperando, en esta orilla,
como un náufrago solitario.
Nunca perdí la esperanza
de ser yo aquel hombre
cuyo nombre pregonabas...
¡Espérame Manuel no te vayas! -¿lo recuerdas?
Hoy te escribo este poema
y lo lanzo al mar en mi botella
para decirle al mundo con mis versos
que cada año,
cada invierno,
cada día,
yo te seguiré esperando en la bahía
de esta playa solitaria.
--oOo--