El próximo día 7 de noviembre hace 40 años que murió mi padre, han sido 14.600 días sin su sonrisa, 350.400 horas sin su calor, 21.024.000 minutos, sin su ayuda...
Aún formando ya núcleo de la nada, sigue presente en mi vida, sigue ocupando su espacio y anegando todas mis orillas con su dulce recuerdo, hombre tierno, amoroso, optimista y solidario que no se conformó con ver la vida desde su balcón, sino que la prendió con sus dos manos y se adueñó de ella, anteponiendo el amor a lo correcto, la ayuda a los demás a su propio interés.
Tanto tiempo hace que se fue y sin embargo cada día lo recuerdo, porque cada día tengo momentos para abstraerme y mirar al horizonte, y es allí donde tengo mi único y mas indeleble archivo, tantos albas y tantas puestas de sol, pero aún está conmigo, cuidando todavía de mi con los ojos dulces con los que siempre me miró, teniendo su mano tendida hacia mi y yo aferrándome a ella, oyendo su cálida voz y rodeándome de su afectuosa atmósfera.
A él le debo mucho de lo poco bueno que tengo, porque cuando la emoción se adueña de mi se que es una copia de su rastro, cuando siento que me invade la ternura y la ilusión reconozco que son sus genes los que conquistan mis mejores plazas.
Él es el responsable de mi entrega a la vida, de mi desaforada manera de amar a los míos, de mi incapacidad para verlos sufrir, de la aventura continuada de mis sentimientos en estos mares de calma y zozobra, de mi rendición ante la nostalgia por otros tiempos mejores.
A mi padre lo llevo prendido en el ojal de mi corazón y allí está cosido hasta que también la nada me absorba.
Necesariamente he de dejar un hueco para la ilusión por la vida, pero hoy lloro por él y por tantos momentos felices que no vivió, pero también lloro por mi, porque ya nada es lo que era y porque mi presente y mi futuro fue amputado y mermado con su ausencia.
Turco
Aún formando ya núcleo de la nada, sigue presente en mi vida, sigue ocupando su espacio y anegando todas mis orillas con su dulce recuerdo, hombre tierno, amoroso, optimista y solidario que no se conformó con ver la vida desde su balcón, sino que la prendió con sus dos manos y se adueñó de ella, anteponiendo el amor a lo correcto, la ayuda a los demás a su propio interés.
Tanto tiempo hace que se fue y sin embargo cada día lo recuerdo, porque cada día tengo momentos para abstraerme y mirar al horizonte, y es allí donde tengo mi único y mas indeleble archivo, tantos albas y tantas puestas de sol, pero aún está conmigo, cuidando todavía de mi con los ojos dulces con los que siempre me miró, teniendo su mano tendida hacia mi y yo aferrándome a ella, oyendo su cálida voz y rodeándome de su afectuosa atmósfera.
A él le debo mucho de lo poco bueno que tengo, porque cuando la emoción se adueña de mi se que es una copia de su rastro, cuando siento que me invade la ternura y la ilusión reconozco que son sus genes los que conquistan mis mejores plazas.
Él es el responsable de mi entrega a la vida, de mi desaforada manera de amar a los míos, de mi incapacidad para verlos sufrir, de la aventura continuada de mis sentimientos en estos mares de calma y zozobra, de mi rendición ante la nostalgia por otros tiempos mejores.
A mi padre lo llevo prendido en el ojal de mi corazón y allí está cosido hasta que también la nada me absorba.
Necesariamente he de dejar un hueco para la ilusión por la vida, pero hoy lloro por él y por tantos momentos felices que no vivió, pero también lloro por mi, porque ya nada es lo que era y porque mi presente y mi futuro fue amputado y mermado con su ausencia.
Turco