jocastilla
Poeta recién llegado
Cierro los ojos y veo sombras
que toman formas vacilantes,
que se agazapan y saltan.
Me tocan, me llevan y traen
por un suelo enlosado
que se hunde y me levanta.
Pero, el tiempo se estanca,
como un río ancho y hondo,
en el que floto a gusto.
Me dejo llevar alegremente y
mis resistencias se aflojan.
Mi vigilancia se detiene y
no veo enemigos a la vista.
Luego, el horizonte se encrespa
y los truenos retumban.
El cielo se oscurece
y la lluvia moja mi cuerpo.
Los caminos se anegan y
las farolas se apagan.
Mis brazos se inmovilizan,
mis sentidos se bloquean y
mis piernas vacilan.
No respiran mis pulmones
ni bombea mi corazón.
El tiempo ahora es aburrido;
un redil de cabras, la escuela;
papel de purpurina es el sol
y Dios, un asesino en serie.
A punto inminente de sucumbir
en un jaque mate enemigo,
convoco a mis ascendientes,
convertidos en piezas de ajedrez:
dama, Rosalía; alfiles: Amparo y José Mª;
peones: Amparo, José Joaquín,
Amparo, Rufina y Melquíades;
caballos: Rosita y Amalita;
y torres: Pegerto y Eduardo.
Estos guerreros luchan para mi mente,
porque el alma está en el cerebro.
Con ellos combato la mediocridad y
su ejemplo me inspira audacia
para vencer a los enemigos
que amenazan destruir mis planes
de bondad, humor y lucidez,
basados en el respeto y la humildad.
que toman formas vacilantes,
que se agazapan y saltan.
Me tocan, me llevan y traen
por un suelo enlosado
que se hunde y me levanta.
Pero, el tiempo se estanca,
como un río ancho y hondo,
en el que floto a gusto.
Me dejo llevar alegremente y
mis resistencias se aflojan.
Mi vigilancia se detiene y
no veo enemigos a la vista.
Luego, el horizonte se encrespa
y los truenos retumban.
El cielo se oscurece
y la lluvia moja mi cuerpo.
Los caminos se anegan y
las farolas se apagan.
Mis brazos se inmovilizan,
mis sentidos se bloquean y
mis piernas vacilan.
No respiran mis pulmones
ni bombea mi corazón.
El tiempo ahora es aburrido;
un redil de cabras, la escuela;
papel de purpurina es el sol
y Dios, un asesino en serie.
A punto inminente de sucumbir
en un jaque mate enemigo,
convoco a mis ascendientes,
convertidos en piezas de ajedrez:
dama, Rosalía; alfiles: Amparo y José Mª;
peones: Amparo, José Joaquín,
Amparo, Rufina y Melquíades;
caballos: Rosita y Amalita;
y torres: Pegerto y Eduardo.
Estos guerreros luchan para mi mente,
porque el alma está en el cerebro.
Con ellos combato la mediocridad y
su ejemplo me inspira audacia
para vencer a los enemigos
que amenazan destruir mis planes
de bondad, humor y lucidez,
basados en el respeto y la humildad.