BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi piel es mi único desnudo
me despojo de todo al acabar
silenciosamente, sobreactúo
para llegar pletórico a fin de mes.
Mi vida es mi único despojo
sangre de mi sangre equivalencias distintas
balanzas que pesan la luz fugaz
pueblan los días con su dominio convocado.
Aristas indeterminadas, me conmuevo
con un eje de iris, perfumo los ámbitos,
soy de nuevo, sangre de mi heredad, peculiar
clepsidra de argumentos diversos.
Los labios me sumergen en lágrimas
bellas y pálidas flexibles y conmovedoras
vello púbico que figura en los anaqueles
de deterioradas páginas indecisas.
Mis huellas se llenan de tinta deleble
de dactilares formas de senos, de radioscópicas
esencias de pinos y agujas insensibilizadas.
El boj de antaño todavía flota en mi ánimo
solía añadir al paisaje aves o pájaros cruentos
siempre en la lluvia inamovibles, como estelas
de un viento superior.
Soy iris ratificado, sombría inacción
algo que flota indefinido en el lugar de alguien.
Mis besos son mis versos
mis versos son palomas
las palomas son nubes
que vuelan como cielos sin alfileres.
Soy reyezuelo de un reino indeciso
atrofio los lupanares para llegar al ocaso
sano y fornido copulo con las masas
hasta estremecer el cielo o la noche.
Mis versos son palomas
que flotan en las nubes
con paraguas y símbolos.
Yo sólo hablo de mí
mírenme rasgar el cielo
con un biombo de claro estático
de penumbra soledad y miedo
imitado.
Mi piel fíjense es mi único despojo
herencias formidables que fabulo
y lego a la posteridad sin mucho afán
develo mi testamento emocional
con sentimientos impostados.
De qué me sirve a mí
tener sombra, huir de ella,
agobiar los rincones de hierba,
con escapularios y rinocerontes
con elefantes y cómodos pensativos.
©
me despojo de todo al acabar
silenciosamente, sobreactúo
para llegar pletórico a fin de mes.
Mi vida es mi único despojo
sangre de mi sangre equivalencias distintas
balanzas que pesan la luz fugaz
pueblan los días con su dominio convocado.
Aristas indeterminadas, me conmuevo
con un eje de iris, perfumo los ámbitos,
soy de nuevo, sangre de mi heredad, peculiar
clepsidra de argumentos diversos.
Los labios me sumergen en lágrimas
bellas y pálidas flexibles y conmovedoras
vello púbico que figura en los anaqueles
de deterioradas páginas indecisas.
Mis huellas se llenan de tinta deleble
de dactilares formas de senos, de radioscópicas
esencias de pinos y agujas insensibilizadas.
El boj de antaño todavía flota en mi ánimo
solía añadir al paisaje aves o pájaros cruentos
siempre en la lluvia inamovibles, como estelas
de un viento superior.
Soy iris ratificado, sombría inacción
algo que flota indefinido en el lugar de alguien.
Mis besos son mis versos
mis versos son palomas
las palomas son nubes
que vuelan como cielos sin alfileres.
Soy reyezuelo de un reino indeciso
atrofio los lupanares para llegar al ocaso
sano y fornido copulo con las masas
hasta estremecer el cielo o la noche.
Mis versos son palomas
que flotan en las nubes
con paraguas y símbolos.
Yo sólo hablo de mí
mírenme rasgar el cielo
con un biombo de claro estático
de penumbra soledad y miedo
imitado.
Mi piel fíjense es mi único despojo
herencias formidables que fabulo
y lego a la posteridad sin mucho afán
develo mi testamento emocional
con sentimientos impostados.
De qué me sirve a mí
tener sombra, huir de ella,
agobiar los rincones de hierba,
con escapularios y rinocerontes
con elefantes y cómodos pensativos.
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