Évano
Libre, sin dioses.
Ata mis ojos a tu cintura
y contonea el suspiro de mis labios,
mujer que arrastras el sol que me cubre
con la sombra que te persigue
por las calles de aplausos
y colores encendidos en la noche
de manto que retiene y seduce
las voces y susurros de las habitaciones colgantes.
La cuerda es de seda blanca,
rayos de luna moviendo a su antojo
muñecas y tobillos a los aires de tus pasos.
Como títere danzando en platea
de este teatro de lujuria que gira
y gira entorno al deseo exhalado
por miles de diablos sonrientes
tiritando dentro de mí.
Como un millón de dedos eléctricos
acariciando el desnudo de tus poros abiertos.
Ata mi andar a tus caderas,
mujer que levantas asfaltos
entre la noche que calla el temor
de arribar a la alborada
sin haberse atrevido a pasear
lo soñado en las sábanas soldadas de amor.
y contonea el suspiro de mis labios,
mujer que arrastras el sol que me cubre
con la sombra que te persigue
por las calles de aplausos
y colores encendidos en la noche
de manto que retiene y seduce
las voces y susurros de las habitaciones colgantes.
La cuerda es de seda blanca,
rayos de luna moviendo a su antojo
muñecas y tobillos a los aires de tus pasos.
Como títere danzando en platea
de este teatro de lujuria que gira
y gira entorno al deseo exhalado
por miles de diablos sonrientes
tiritando dentro de mí.
Como un millón de dedos eléctricos
acariciando el desnudo de tus poros abiertos.
Ata mi andar a tus caderas,
mujer que levantas asfaltos
entre la noche que calla el temor
de arribar a la alborada
sin haberse atrevido a pasear
lo soñado en las sábanas soldadas de amor.
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