MI QUERIDO BAUDELAIRE
Cómo acecha el frío mármol
el paso de la estatua que le aguarda
cómo el ciprés flecha la nube solitaria
y los cantos de las aves mi esperanza
Roído por las horas de silencio
sobre el mar desde el mar te espero impávido
ya terminó la función y el espejismo
de la tarde teñida de cárdenas amarguras
ya te olvidaste de ser mujer y yo te llamo
Pero el eco no resuena en el vacío
canciones de borracho desde el puente
esperan a que pase el concertino
o los arduos recovecos con sus fantasmas difuminados
Los pasajes de París
Luminosa oscuridad para el poeta
resuenan los aplausos que brindan las alamedas al payaso
un olvidado rincón renace entre las ruinas del recuerdo
yo avanzo lentamente y tú te separas de las sombras
¿quien ha previsto este encuentro?
De nuevo el estremecimiento como presagio del párpado
tu cintura se me ofrece como gacela al ángel caído
descolgaré de las farolas los suicidas de la noche
para que de tu rostro se borren las huellas del pecado
He aquí la Porte de St. Denis he aquí la maravilla
tallada en piedra de sueños con repuntes de organdí
pausada hoguera nocturna que convoca a los espectros.
Consagrada la pantomima como fuerza alentadora
los pañuelos reverentes hacen la orla a sus muertos.
Es en la noche náufraga de inciensos
donde te encontraré como a un ave nocturna
me miraré en los espejos de tus ojos y volveré a mis miserias
tus ojos como espejos de medusa
y yo reducido a una mirada
La absenta y las flores de heliotropo
o tal vez aquellas catleias con las que cubrí tu catafalco.
Pasajes de París
Mi querido Baudelaire...
Ilust.: “Visión inducida por el aspecto nocturno de la Porte Saint Denis”. Max Ernst.
Cómo acecha el frío mármol
el paso de la estatua que le aguarda
cómo el ciprés flecha la nube solitaria
y los cantos de las aves mi esperanza
Roído por las horas de silencio
sobre el mar desde el mar te espero impávido
ya terminó la función y el espejismo
de la tarde teñida de cárdenas amarguras
ya te olvidaste de ser mujer y yo te llamo
Pero el eco no resuena en el vacío
canciones de borracho desde el puente
esperan a que pase el concertino
o los arduos recovecos con sus fantasmas difuminados
Los pasajes de París
Luminosa oscuridad para el poeta
resuenan los aplausos que brindan las alamedas al payaso
un olvidado rincón renace entre las ruinas del recuerdo
yo avanzo lentamente y tú te separas de las sombras
¿quien ha previsto este encuentro?
De nuevo el estremecimiento como presagio del párpado
tu cintura se me ofrece como gacela al ángel caído
descolgaré de las farolas los suicidas de la noche
para que de tu rostro se borren las huellas del pecado
He aquí la Porte de St. Denis he aquí la maravilla
tallada en piedra de sueños con repuntes de organdí
pausada hoguera nocturna que convoca a los espectros.
Consagrada la pantomima como fuerza alentadora
los pañuelos reverentes hacen la orla a sus muertos.
Es en la noche náufraga de inciensos
donde te encontraré como a un ave nocturna
me miraré en los espejos de tus ojos y volveré a mis miserias
tus ojos como espejos de medusa
y yo reducido a una mirada
La absenta y las flores de heliotropo
o tal vez aquellas catleias con las que cubrí tu catafalco.
Pasajes de París
Mi querido Baudelaire...
Ilust.: “Visión inducida por el aspecto nocturno de la Porte Saint Denis”. Max Ernst.
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