Luigi Alonsini
Poeta recién llegado
Nazco en tus aguas tranquilas,
Que se mecen serpenteantes,
Sobre esta tierra de contrastes.
Te doy el arroyo que te abraza,
El sonido de tu silencioso discurrir,
La fuerza suficiente, la entrega constante.
A tu paso dejas barrancos, gargantas, cañones,
La naturaleza tan salvaje, tanta vida, te domina,
Creces a caudales, y con semblante potente,
Nos regalas una amplia sonrisa.
En tus valles verdes, tus riberas,
Apareces siempre intenso,
Y a tu paso por villas y pueblos,
Esculpes el paso del tiempo,
Moldeando el carácter a sus gentes.
Tu travesía hacia el mar termina,
Mezclando esencia de tus encantos,
Con las piedras, la sal y las dunas.
Allí acaba tu hermosura, pero nunca
Tú historia, ni tu pasado.
Que se mecen serpenteantes,
Sobre esta tierra de contrastes.
Te doy el arroyo que te abraza,
El sonido de tu silencioso discurrir,
La fuerza suficiente, la entrega constante.
A tu paso dejas barrancos, gargantas, cañones,
La naturaleza tan salvaje, tanta vida, te domina,
Creces a caudales, y con semblante potente,
Nos regalas una amplia sonrisa.
En tus valles verdes, tus riberas,
Apareces siempre intenso,
Y a tu paso por villas y pueblos,
Esculpes el paso del tiempo,
Moldeando el carácter a sus gentes.
Tu travesía hacia el mar termina,
Mezclando esencia de tus encantos,
Con las piedras, la sal y las dunas.
Allí acaba tu hermosura, pero nunca
Tú historia, ni tu pasado.