Catastrofe
Poeta recién llegado
Bajando del autobús por la mañana mi robot favorito me recibe como siempre, impabida y plástica, sentada con su canasto de mimbre surtido de cigarrillos. Le entrego una moneda y perezosamente estira la mano para recibirla, de inmediato tomo un cigarrillo y lo enciendo. Ella no dice nada, ni me mira siquiera. Es como un dispensador de cigarrillos humano, de carne y hueso pero sin vida aparente. ¿Puede alguien ser así? ¿Existe de verdad esta chica o simplemente alucino su mirada lechosa y perdida en un horizonte que no existe? Si... seguramente ella no existe, igual que yo.