Miriam Camelo
Poeta recién llegado
Te he visto,
con la piel desnuda
y enarbolando tu bandera.
Un llamado a la contienda
y la exaltación que provocas.
La espalda no recuerda
lides de otrora épocas,
adornaban mis estuarios
primaveras en sol de invierno.
Vestido de nada estabas
bajo la luz de los candiles.
Beatifiqué tu presencia
en un altar hecho de sábanas.
Brotabas de mi boca,
incensario de mil poemas
y santigüé sobre los labios,
la ostentación de mis deseos.
Te he visto,
solo tus ojos vestían
el verdesol de los trigales.
Dibujaron sobre mi cuerpo
un ajedrez sin alfiles.
Un hombre y su estandarte,
una mujer y su rayuela,
justificaron un campo santo
sin vencedores, ni vencidos.
Ahora y en estos planos,
Soy tu casa, tu desván
chimenea para tu lado izquierdo
soy tu ocaso, tu alborada
tu filo a las medias noches
los rumores de los huertos
y la ventisca de las calles
las sombras en las paredes
y los maullidos sobre los techos.
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