Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solo... te amo. Contigo... ¡Sufro!
Así,
con una copa entre los dedos,
a falta de tu piel, en cada sorbo lento;
te amo. Fumo, sueño y me aletargo,
sabiendo que me buscas: en la vida,
en la noche, en otros... y porque yo
no quiero, no me encuentras.
Sé, que contigo el infierno es real.
-Y estaré ‘muerto’, pero no tanto-
Por tanto, lo evito mientras puedo.-
Contigo,
se me trastoca la vida premeditada
que llevo. Yo, vivo robándole al amor,
lo que él espera robarme.
Y si bien, tú eres su señuelo carnal,
yo, soy un hábil pez nocturno
con la boca rota de besar. Y el alma;
¡malograda en mil anzuelos!
Y...
aunque la vida desespera
de verme tan tranquilo y sereno,
y el tiempo, me adormece la mirada,
-ésa, que buscas en la noche,
en la vida, en otros- no te busco.
Porque yo, ya tengo el fantástico,
intangible latir de tu recuerdo,
en fidedigno abrazo a mis latidos.
Y tengo,
-lo confieso- miedo
de tenerte por completo...
Porque si una noche cualquiera,
te llevaras para siempre de mi vida
tu 'incondicional' interés de hoy;
‘malicioso’, apasionado, bello...
Eso, sería demasiado para este;
último halito de sentimiento mío.
Y no...
no merece tu entusiasmo
mi apático desdeño. Ni mi ecuánime
final, merece tu adiós desencantado.
Ni merece tan vacío despertar
mi último sueño, ¿verdad...?
Así, que no me mires más así.
Porque ni yo, confío en el designio
que me hizo... decirte todo esto.
...
Así,
con una copa entre los dedos,
a falta de tu piel, en cada sorbo lento;
te amo. Fumo, sueño y me aletargo,
sabiendo que me buscas: en la vida,
en la noche, en otros... y porque yo
no quiero, no me encuentras.
Sé, que contigo el infierno es real.
-Y estaré ‘muerto’, pero no tanto-
Por tanto, lo evito mientras puedo.-
Contigo,
se me trastoca la vida premeditada
que llevo. Yo, vivo robándole al amor,
lo que él espera robarme.
Y si bien, tú eres su señuelo carnal,
yo, soy un hábil pez nocturno
con la boca rota de besar. Y el alma;
¡malograda en mil anzuelos!
Y...
aunque la vida desespera
de verme tan tranquilo y sereno,
y el tiempo, me adormece la mirada,
-ésa, que buscas en la noche,
en la vida, en otros- no te busco.
Porque yo, ya tengo el fantástico,
intangible latir de tu recuerdo,
en fidedigno abrazo a mis latidos.
Y tengo,
-lo confieso- miedo
de tenerte por completo...
Porque si una noche cualquiera,
te llevaras para siempre de mi vida
tu 'incondicional' interés de hoy;
‘malicioso’, apasionado, bello...
Eso, sería demasiado para este;
último halito de sentimiento mío.
Y no...
no merece tu entusiasmo
mi apático desdeño. Ni mi ecuánime
final, merece tu adiós desencantado.
Ni merece tan vacío despertar
mi último sueño, ¿verdad...?
Así, que no me mires más así.
Porque ni yo, confío en el designio
que me hizo... decirte todo esto.
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