MI VOZ DORMIDA
Sobre el desierto de mi voz dormida
oigo el demorado volar de las aves.
Negras aves, de horrísonos graznidos
que retumban sobre el túmulo precario
que me cubre.
Y mi sueño se hace abrupto,
y tu recuerdo, que soñaba, se diluye
y resquebraja en los ásperos gruñidos.
Concededme de nuevo el silencio.
Que retorne a mi yacer ese angélico planear
que me adormece y trae hasta mí tu imagen.
Dejadme ser brasa y ceniza.
Dejadme ser piedra ardiente.
Dejad que mi voz sólo sea desierto.
Pero no perturbéis mi sueño,
ése en el que tú apareces como rastro
y evidencia de mi extraviado paraíso humano.
Sobre el desierto de mi voz dormida
oigo el demorado volar de las aves.
Negras aves, de horrísonos graznidos
que retumban sobre el túmulo precario
que me cubre.
Y mi sueño se hace abrupto,
y tu recuerdo, que soñaba, se diluye
y resquebraja en los ásperos gruñidos.
Concededme de nuevo el silencio.
Que retorne a mi yacer ese angélico planear
que me adormece y trae hasta mí tu imagen.
Dejadme ser brasa y ceniza.
Dejadme ser piedra ardiente.
Dejad que mi voz sólo sea desierto.
Pero no perturbéis mi sueño,
ése en el que tú apareces como rastro
y evidencia de mi extraviado paraíso humano.