Cañaverales, ásperos, luengos, adornados por légamo y sombras de enanos que dirigen sus miradas en una sola dirección, a un lugar azul detrás del peñasco, azul como la sangre del cielo que cayó y que ahora lamen con ansía unos perros amistados con ratas.
Lluvia arrojada por ninfas aladas desde nubes a un pueblo en donde el hambre causaba estragos. Casuchas desarmadas, maderamen que va, con el fluir de las aguas infaustas, a un océano hambriento.
Hondonada cubierta, recuas que flotan sobre la inundación como grumos.
Mujeres sujetas por los cabellos, que aún en su porfía, luchan sin razón.
Un niño grita, está empapado de frío y de pié sobre un pedazo de leña, tiene los párpados inflados y venosos. Nadie le respondió. El hálito umbrío, soplado por la estrellas, congela al niño trocándole en estatua de cristal.
Los ángeles y demonios se lamentaban, éstos últimos encorvados de dolor.
Lluvia arrojada por ninfas aladas desde nubes a un pueblo en donde el hambre causaba estragos. Casuchas desarmadas, maderamen que va, con el fluir de las aguas infaustas, a un océano hambriento.
Hondonada cubierta, recuas que flotan sobre la inundación como grumos.
Mujeres sujetas por los cabellos, que aún en su porfía, luchan sin razón.
Un niño grita, está empapado de frío y de pié sobre un pedazo de leña, tiene los párpados inflados y venosos. Nadie le respondió. El hálito umbrío, soplado por la estrellas, congela al niño trocándole en estatua de cristal.
Los ángeles y demonios se lamentaban, éstos últimos encorvados de dolor.