Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para mirar tu falda nunca pedí permiso
ni me sobraron rubores, dos o tres rumores
no se atrevieron a venir,
te quise sólo para mí y me tumbaste en el piso
disfrazada de enfermera con labios de carmín.
A este soldado que dió mil batallas por perdidas
y que azotó caminos que nunca fueron al amor,
se le olvidó que habían varias heridas
que no las sana el corazón.
En puestos de aduanas perdí el equipaje de mi ayer
y cancelé con besos falsos varias deudas,
yo que nunca juraba, ayer mismo juré
y forjé con barro varias heridas viejas.
Aunque te beso, siempre voy camino abajo
con caballos que descarrilan las postales,
para padecer de amor siempre hay atajo
y no se ocupa una razón, hay problemas con imanes.
Parecía que íbamos de amor y hubo cenizas,
labios blasfemos que ciegan la pasión
y varias caricias que se extravían,
que en la noche buscan otra voz y van de prisa.
Yo que te escribía de amor
descubrí que la tristeza siente envidia,
y ahora escribo matando lo que soy
y para verte feliz miento cada día.
Para mirar bajo tu falda nunca pedí permiso
pero hoy no siento este lugar
y soy extraño aunque yo te acaricio.
Nunca te escribí la verdad pero mi dolor
mal vivió con mi interior y nunca más te quiso.
ni me sobraron rubores, dos o tres rumores
no se atrevieron a venir,
te quise sólo para mí y me tumbaste en el piso
disfrazada de enfermera con labios de carmín.
A este soldado que dió mil batallas por perdidas
y que azotó caminos que nunca fueron al amor,
se le olvidó que habían varias heridas
que no las sana el corazón.
En puestos de aduanas perdí el equipaje de mi ayer
y cancelé con besos falsos varias deudas,
yo que nunca juraba, ayer mismo juré
y forjé con barro varias heridas viejas.
Aunque te beso, siempre voy camino abajo
con caballos que descarrilan las postales,
para padecer de amor siempre hay atajo
y no se ocupa una razón, hay problemas con imanes.
Parecía que íbamos de amor y hubo cenizas,
labios blasfemos que ciegan la pasión
y varias caricias que se extravían,
que en la noche buscan otra voz y van de prisa.
Yo que te escribía de amor
descubrí que la tristeza siente envidia,
y ahora escribo matando lo que soy
y para verte feliz miento cada día.
Para mirar bajo tu falda nunca pedí permiso
pero hoy no siento este lugar
y soy extraño aunque yo te acaricio.
Nunca te escribí la verdad pero mi dolor
mal vivió con mi interior y nunca más te quiso.