Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
Mientras llegas,
un corazón invade los instantes
que soplan imperfectos
sobre el perfil yaciente del asombro.
Alguna vez en mí resplandecías
con un engaño tenue;
¡cuántas veces, entonces,
jugué a desenterrar laberintos de espanto
en mi arenosa vista
hasta que otro tomó el relevo del día!
Todo esto, mientras llegas,
se anuncia y se dispersa.
Unos cargan la cruz
que han dibujado sus presentimientos
y otros se rebelan
contra la espera
que nunca deja su última pisada.
Mientras llegas, me atraen a tu redil
tus orillas de párpados ajenos;
parece que quisieran refugiarme
de alientos cegadores;
parece que quisieran retenerme,
como el sol, en las naves de los astros;
parece que quisieran obligarme
a descuidar tu perfumada sombra.
Y al fin, sus intenciones
se me antojan caprichos del recelo.
A pesar de sentirte, mientras llegas
en una algarabía silenciosa,
la podredumbre de los siglos hiede
inexpugnablemente sobre todo.
Y esperas
al encendido asalto de mis alas,
al derramado hábito presente.
¡Oh! Si una vez bastara
con señalarte, y luego conseguirte,
ni cruces, ni recelos,
ni anochecidas
velarían mis ojos mientras llegas…
© Abraham Ferreira Khalil
un corazón invade los instantes
que soplan imperfectos
sobre el perfil yaciente del asombro.
Alguna vez en mí resplandecías
con un engaño tenue;
¡cuántas veces, entonces,
jugué a desenterrar laberintos de espanto
en mi arenosa vista
hasta que otro tomó el relevo del día!
Todo esto, mientras llegas,
se anuncia y se dispersa.
Unos cargan la cruz
que han dibujado sus presentimientos
y otros se rebelan
contra la espera
que nunca deja su última pisada.
Mientras llegas, me atraen a tu redil
tus orillas de párpados ajenos;
parece que quisieran refugiarme
de alientos cegadores;
parece que quisieran retenerme,
como el sol, en las naves de los astros;
parece que quisieran obligarme
a descuidar tu perfumada sombra.
Y al fin, sus intenciones
se me antojan caprichos del recelo.
A pesar de sentirte, mientras llegas
en una algarabía silenciosa,
la podredumbre de los siglos hiede
inexpugnablemente sobre todo.
Y esperas
al encendido asalto de mis alas,
al derramado hábito presente.
¡Oh! Si una vez bastara
con señalarte, y luego conseguirte,
ni cruces, ni recelos,
ni anochecidas
velarían mis ojos mientras llegas…
© Abraham Ferreira Khalil
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