Nommo
Poeta veterano en el portal
Te he querido siempre, pero no nos comprendemos el uno al otro,
puesto que concebimos ideas distantes e independientes,
para elaborar nuestras fórmulas secretas, dentro de un laboratorio científico.
Te hablo por gestos de mímica y me contestas con lenguaje para sordo-mudos.
Yo soy el Mar, que no cabe por adentro de un embudo. Te lo suplico,
¡ Ábrete, Sésamo ! Caverna, muéstrame todos tus tesoros escondidos.
Soy Alí Babá, y traigo conmigo, a los 40 ladrones. Mas tú, bellísima, te dedicas a la danza del vientre,
y compones tus sinfonías al piano, para dar de sí lo suficiente, equiparándote a Johannes-Sebastian Bach,
que en Paz descanse. Y no desciendes al pueblo llano, donde te espero, inactivo,
por pedir limosna a la espera, ansiosa, de que aparezcas, contoneándote
mientras caminas por la calle. Y escupo a algunos viandantes que me zarandean,
según me agarran de los harapos. Harapiento, yo, sonrío, con algunas muelas negras.
Y es entonces cuando, en esa humildad exhaustiva, vuelves a verme y me golpeas
con tu varita mágica. Soy rana, y después, príncipe, y por ende, un reloj de arena junto al espejo.
Tú eres un jarrón chino. ¡ Viva ! De la dinastía Ming. Que no nos separen...
puesto que concebimos ideas distantes e independientes,
para elaborar nuestras fórmulas secretas, dentro de un laboratorio científico.
Te hablo por gestos de mímica y me contestas con lenguaje para sordo-mudos.
Yo soy el Mar, que no cabe por adentro de un embudo. Te lo suplico,
¡ Ábrete, Sésamo ! Caverna, muéstrame todos tus tesoros escondidos.
Soy Alí Babá, y traigo conmigo, a los 40 ladrones. Mas tú, bellísima, te dedicas a la danza del vientre,
y compones tus sinfonías al piano, para dar de sí lo suficiente, equiparándote a Johannes-Sebastian Bach,
que en Paz descanse. Y no desciendes al pueblo llano, donde te espero, inactivo,
por pedir limosna a la espera, ansiosa, de que aparezcas, contoneándote
mientras caminas por la calle. Y escupo a algunos viandantes que me zarandean,
según me agarran de los harapos. Harapiento, yo, sonrío, con algunas muelas negras.
Y es entonces cuando, en esa humildad exhaustiva, vuelves a verme y me golpeas
con tu varita mágica. Soy rana, y después, príncipe, y por ende, un reloj de arena junto al espejo.
Tú eres un jarrón chino. ¡ Viva ! De la dinastía Ming. Que no nos separen...
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