Junté los pocos
sueños que aún tenía
y los esparcí por el suelo.
Amanecí pisoteado.
No miré la hora
cuando me fui pateando
piedras filosofales.
De camino
me entretuve hurgando
en un basurero
ideológico.
Ni hueso de utopía.
Ni siquiera la uña
partida de un sufragio.
Aquello era menos
que la astilla
de un diente
de leche
cortada.
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