Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
MIRADA DE PERRO EN EL OCASO
Un perro mira las complejidades del ocaso,
pero no sabe que en esa exhalación aérea
viaja algo de mis premuras,
el viejo miedo a las oscuridades,
de aquellas manos tejiendo siluetas
en los techos de zinc ahumados por las noches.
Para lo que sirve un ocaso,
si bien guardo muchos en mis huesos
y se oculta más temprano
en mis entrañas
ese sol,
de lo disidente e improbable.
El ocaso -indiferente-
muere en los ojos de este perro
que acaso lo percibe .
Entra entera, posesiva, la noche.
Un perro mira las complejidades del ocaso,
pero no sabe que en esa exhalación aérea
viaja algo de mis premuras,
el viejo miedo a las oscuridades,
de aquellas manos tejiendo siluetas
en los techos de zinc ahumados por las noches.
Para lo que sirve un ocaso,
si bien guardo muchos en mis huesos
y se oculta más temprano
en mis entrañas
ese sol,
de lo disidente e improbable.
El ocaso -indiferente-
muere en los ojos de este perro
que acaso lo percibe .
Entra entera, posesiva, la noche.
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