Tengo mil cartas guardadas
que son las misivas para mi amor,
son ilusiones grabadas
en los pétalos blancos de una flor.
Cada mañana que llega
a mi jardín el pajarillo cantor
le pido, tal vez él pueda,
ir y dejarle a mi amada en su balcón.
Le digo: lleva estos versos,
este juramento que es oración;
pero él, elocuente, sincero,
levanta el vuelo y me dice: no voy.
A veces quiero enviarlas
aun en el último rayo del sol
pero temo que al dejarlas
ella diga que sin luz no las vio.
A ratos pienso en la luna;
mas no: su hilo de plateado fulgor
no puede bajar una a una
mis palabras encendidas de amor.
Otras veces en el agua
quiero enviar un barquito de cartón;
pero no, quizá un pirata
lo encuentra y arrebata mi ilusión.
La paloma mensajera
también podría hacerme el favor,
pero ya es lenta, está vieja,
y en el cielo vi volar un halcón.
Quise confiar en el viento,
aun veloz, es variable y juguetón,
se ha de convertir en céfiro
en el bosque, y no ha de ver el balcón.
Al fin pensé en el cartero,
aunque lento, distraído y bonachón;
mas recordé que el correo
lleva los viernes, y sábado es hoy.
Al ver que todo fallaba,
ante tan repetida frustración
alguien me dijo: tú mismo anda,
las tienes, ponte las alas de amor.
Al llegar a su ventana,
delicado, llamas con una flor,
si duerme, deja la carta,
si despierta, abre y dile tu canción,
que son las misivas para mi amor,
son ilusiones grabadas
en los pétalos blancos de una flor.
Cada mañana que llega
a mi jardín el pajarillo cantor
le pido, tal vez él pueda,
ir y dejarle a mi amada en su balcón.
Le digo: lleva estos versos,
este juramento que es oración;
pero él, elocuente, sincero,
levanta el vuelo y me dice: no voy.
A veces quiero enviarlas
aun en el último rayo del sol
pero temo que al dejarlas
ella diga que sin luz no las vio.
A ratos pienso en la luna;
mas no: su hilo de plateado fulgor
no puede bajar una a una
mis palabras encendidas de amor.
Otras veces en el agua
quiero enviar un barquito de cartón;
pero no, quizá un pirata
lo encuentra y arrebata mi ilusión.
La paloma mensajera
también podría hacerme el favor,
pero ya es lenta, está vieja,
y en el cielo vi volar un halcón.
Quise confiar en el viento,
aun veloz, es variable y juguetón,
se ha de convertir en céfiro
en el bosque, y no ha de ver el balcón.
Al fin pensé en el cartero,
aunque lento, distraído y bonachón;
mas recordé que el correo
lleva los viernes, y sábado es hoy.
Al ver que todo fallaba,
ante tan repetida frustración
alguien me dijo: tú mismo anda,
las tienes, ponte las alas de amor.
Al llegar a su ventana,
delicado, llamas con una flor,
si duerme, deja la carta,
si despierta, abre y dile tu canción,