Monumento
El brillo áureo que del cielo emana
exaltó la efigie en su pedestal:
imponente estatua, alegoría humana,
irrumpe en el paisaje como vendaval.
Manos tiernas, de lejana infancia,
llevan a cuestas una flor;
sus pétalos radiantes se desgranan
en homenaje al héroe
cuya alma, el tiempo esculpió.
Triviales son los intentos de ofrendarle,
a quien la gloria su sien coronó,
mejor es respetarle
conservando oculto el íntimo candor.
El monumento lo hace su recuerdo,
las mañanas y la noches;
las fragancias soñadas;
los días luminosos,
y las penumbras atadas;
invitan a empuñar el cincel
que en finas estocadas,
esculpen la dicha que hoy fue arrebatada.
Omar González Suárez
28 de diciembre de 2011.
El brillo áureo que del cielo emana
exaltó la efigie en su pedestal:
imponente estatua, alegoría humana,
irrumpe en el paisaje como vendaval.
Manos tiernas, de lejana infancia,
llevan a cuestas una flor;
sus pétalos radiantes se desgranan
en homenaje al héroe
cuya alma, el tiempo esculpió.
Triviales son los intentos de ofrendarle,
a quien la gloria su sien coronó,
mejor es respetarle
conservando oculto el íntimo candor.
El monumento lo hace su recuerdo,
las mañanas y la noches;
las fragancias soñadas;
los días luminosos,
y las penumbras atadas;
invitan a empuñar el cincel
que en finas estocadas,
esculpen la dicha que hoy fue arrebatada.
Omar González Suárez
28 de diciembre de 2011.