iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahí va mi vigor saliendo por la puerta de atrás
guardándose del tiempo, para no ser tatuado,
mucho menos sumergido en la blasfema realidad.
Escondida la faz de mi mundanidad
en el resuello de querer ser y no saber
ni siquiera donde buscar
¿Interrogantes?, dijo el acaecido anhelo
usurpando lugar en mis entrañas,
dejando el dolor más agudo
que ensordece en mis huesos ...
los gritos que Lluvia y Dolor
me encriptaron en lenguas muertas,
como esas, las ilusiones
que se quedan mudas y quietas.
Se emitieron los rayos sumisos de las ansias
esos que abrieron más la boca del infierno
erizando la piel deleznable del martirio actual.
Y la lengua del diablo se erigió
dentro de unos ojos cerrados.
Puedes ver el fuego negro más allá
de los propios pasos.
No tienen fin alguno estos versos impúberes
que van repletos de demencia en su garganta,
¡no hace falta susurrar en las madrugadas!
Ya que entre pensamientos fúnebres
de hábitat hacía la afonía del alma,
la noche encierra en sus manos
el pudor de la luna en sus fases épicas...
No hace falta miedo ni un eco
que deje de recordarnos
estas horas contagiadas de locuras,
esto labios paganos.
No hace falta conocer el origen de
cada una de las palabras.
Si la noche nos grita en el alma
que seremos siempre Nada nada
guardándose del tiempo, para no ser tatuado,
mucho menos sumergido en la blasfema realidad.
Escondida la faz de mi mundanidad
en el resuello de querer ser y no saber
ni siquiera donde buscar
¿Interrogantes?, dijo el acaecido anhelo
usurpando lugar en mis entrañas,
dejando el dolor más agudo
que ensordece en mis huesos ...
los gritos que Lluvia y Dolor
me encriptaron en lenguas muertas,
como esas, las ilusiones
que se quedan mudas y quietas.
Se emitieron los rayos sumisos de las ansias
esos que abrieron más la boca del infierno
erizando la piel deleznable del martirio actual.
Y la lengua del diablo se erigió
dentro de unos ojos cerrados.
Puedes ver el fuego negro más allá
de los propios pasos.
No tienen fin alguno estos versos impúberes
que van repletos de demencia en su garganta,
¡no hace falta susurrar en las madrugadas!
Ya que entre pensamientos fúnebres
de hábitat hacía la afonía del alma,
la noche encierra en sus manos
el pudor de la luna en sus fases épicas...
No hace falta miedo ni un eco
que deje de recordarnos
estas horas contagiadas de locuras,
esto labios paganos.
No hace falta conocer el origen de
cada una de las palabras.
Si la noche nos grita en el alma
que seremos siempre Nada nada