Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
MORADA DE ISLA
No en aquellas envileciendo entre volcanes y temblores
sino en esas otras que conceden pasadizos de luz,
mas allá de los confines donde el orbe
absorbe llanto y marejada
y duerme con celos la noche.
En esas islas, colindantes a la lluvia,
de tórridas palmeras,
donde grasa y alcohol pervierten las aceras
y el visitante es hacedor del paisaje;
en esos predios que no señala ningún mapa
ningún hagiógrafo terrestre, yo quisiera vivir,
al lado de sus prístinos manantiales
donde playas y frutas relamen los labios
y la brisa de todo el trópico se cuela por frisos y dinteles,
penetra la fresca y reposa en catres la arena,
allí donde fácilmente preside el milagro
y salta a la rueda del fandango la chispa
de una alegría inagotable.
No en aquellas envileciendo entre volcanes y temblores
sino en esas otras que conceden pasadizos de luz,
mas allá de los confines donde el orbe
absorbe llanto y marejada
y duerme con celos la noche.
En esas islas, colindantes a la lluvia,
de tórridas palmeras,
donde grasa y alcohol pervierten las aceras
y el visitante es hacedor del paisaje;
en esos predios que no señala ningún mapa
ningún hagiógrafo terrestre, yo quisiera vivir,
al lado de sus prístinos manantiales
donde playas y frutas relamen los labios
y la brisa de todo el trópico se cuela por frisos y dinteles,
penetra la fresca y reposa en catres la arena,
allí donde fácilmente preside el milagro
y salta a la rueda del fandango la chispa
de una alegría inagotable.
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