Osidiria
Poeta asiduo al portal
En la suerte de banderillas
la sangre salpica las mejillas del subalterno
y tiñe de melancolía el mandil del matarife
mientras estoque en mano,
el maestro de ceremonias entona el réquiem de Mozart
arropado por un coro de voces enloquecidas
en un frenesí de excitación y arrobamiento,
en la mística de la fiesta nacional
no hay lugar para medias tintas,
o cielo o infierno,
al primero, los sacrificados llegan sin orejas
y algunos hasta sin rabo,
al otro, van los morlacos
que fueron devueltos por mansos al corral.
***
**
*
la sangre salpica las mejillas del subalterno
y tiñe de melancolía el mandil del matarife
mientras estoque en mano,
el maestro de ceremonias entona el réquiem de Mozart
arropado por un coro de voces enloquecidas
en un frenesí de excitación y arrobamiento,
en la mística de la fiesta nacional
no hay lugar para medias tintas,
o cielo o infierno,
al primero, los sacrificados llegan sin orejas
y algunos hasta sin rabo,
al otro, van los morlacos
que fueron devueltos por mansos al corral.
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