Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muerte en obsidiana
¡ Ese orgullo! Una flecha
con la punta de obsidiana
que me aciertas y se clava
en mi débil corazón
Y en el rictus de tus labios
se dibuja aquel desprecio,
(Aquellos ¡Ay! que me han besado
con mayúscula fruición)
Hoy dan frígidas sonrisas
impregnadas de ironías
en la fúnebre ordalía
de prejuicios sin razón.
¡Y se muere! ¡No ardan velas
en tal fúnebre fox- trot,
ya no más fotonovelas
ni forzadas operetas de ocasión!
¡Que tu orgullo y tu desprecio
han logrado que haya espanto
donde hubieron (y hubo tantos)
himnos épicos de amor!
Eduardo Morguenstern
¡ Ese orgullo! Una flecha
con la punta de obsidiana
que me aciertas y se clava
en mi débil corazón
Y en el rictus de tus labios
se dibuja aquel desprecio,
(Aquellos ¡Ay! que me han besado
con mayúscula fruición)
Hoy dan frígidas sonrisas
impregnadas de ironías
en la fúnebre ordalía
de prejuicios sin razón.
¡Y se muere! ¡No ardan velas
en tal fúnebre fox- trot,
ya no más fotonovelas
ni forzadas operetas de ocasión!
¡Que tu orgullo y tu desprecio
han logrado que haya espanto
donde hubieron (y hubo tantos)
himnos épicos de amor!
Eduardo Morguenstern
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