mancerinio
Poeta recién llegado
Por más que mires ese rojo y caucásico cielo
Deja ya de reprochar, no inventes palabras de no riman, a quien engañas, caucásico, quien te crees: ¿el dios todo poderoso que asigna a la malformada raza blanca un cielo?, déjate de estupideces, suelta ese maldito bolígrafo, no basta con haberte tirado ese sucio y mohoso aparato de punzantes teclas, aunque, en verdad que sonaba bonito cuando tus dedos se deslizaban por cada letra y tu tono pianísimo al comenzar me hacía apagar la obsoleta radio con la misma disfonía, si, eran tiempos hermosos, cuando ponías ese punto final a tus poemas, y yo lo sabía por la exuberante fuerza de tu dedo índice postrarse sobre ese diminuto punto. Lo recuerdo casi como antier; cuando tus verdes ojos lanzaban furias de pasión antes de sentarte a escribir. Sabes, me hubiese gustado un cielo azul y moreno, como este que te acompañará por la eternidad.