GerardoGomez
Poeta recién llegado
Mi mano, una llama que desciende en las curvas de tu carne,
contornea tu cuerpo y lo dibuja,
vaga en maravillas,
se embriaga de tu piel.
No se detiene mi tacto y te explora,
repasa cada una de tus líneas
y se pierde infinito en tu figura.
Mujer, cuando te toco,
bajo mis manos pareces una guitarra,
tu pier será las cuerdas
y tus latidos la música sagrada.
Divina, quiero que tu cuerpo
sea para siempre el lienzo de mis suspiros
y que mi piel navegue siempre
en el mar de tus senos,
en el río de tus caderas,
en el océano de tu epidermis.
Quiero cada curva tuya,
cada línea recta.
Bajo la luz eres cálida
un cielo de calma perpetua
y en lo oscuro,
una silueta de frágil escultura...
contornea tu cuerpo y lo dibuja,
vaga en maravillas,
se embriaga de tu piel.
No se detiene mi tacto y te explora,
repasa cada una de tus líneas
y se pierde infinito en tu figura.
Mujer, cuando te toco,
bajo mis manos pareces una guitarra,
tu pier será las cuerdas
y tus latidos la música sagrada.
Divina, quiero que tu cuerpo
sea para siempre el lienzo de mis suspiros
y que mi piel navegue siempre
en el mar de tus senos,
en el río de tus caderas,
en el océano de tu epidermis.
Quiero cada curva tuya,
cada línea recta.
Bajo la luz eres cálida
un cielo de calma perpetua
y en lo oscuro,
una silueta de frágil escultura...
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