josepanton
Poeta recién llegado
Acurrucada sobre un frágil tajuelo de madera,
mientras posa su mano en su cajita de plata,
cuelga sobre sus delgadas piernas,
su inmòvil brazo.
Yo me paro frente a ella a la hora del crepúsculo,
justo cuando se desmayan los últimos colores de la tarde,
observando, el leve latir de su respiración en el aire.
Si alguien le deja dos o tres monedas;
yo no la miro y me pregunto ensimismado:
¿Acaso se endurece y se oculta
por el hambre?
¿O es la intolerable cadencia de aquel nombre,
la que retumba en sus oídos y anega su alma,
bajo un desdichado vestido de alambre?
Yo también quisiera darle una moneda,
y sentir a mi corazón temblar alborozado,
pero me resisto a que me mire de ese modo.
Cuando llueve, desde sus cabellos de acerados hilos,
dos rizos se descuelgan sobre sus rígidos senos.
Mientras tanto
Yo sigo allí.
Mojado!
Mojados!
Hambriento, callado, rozando sus trenzas con mi mano.
Sé que tarde o temprano, me abrirá sus ojos.
mientras posa su mano en su cajita de plata,
cuelga sobre sus delgadas piernas,
su inmòvil brazo.
Yo me paro frente a ella a la hora del crepúsculo,
justo cuando se desmayan los últimos colores de la tarde,
observando, el leve latir de su respiración en el aire.
Si alguien le deja dos o tres monedas;
yo no la miro y me pregunto ensimismado:
¿Acaso se endurece y se oculta
por el hambre?
¿O es la intolerable cadencia de aquel nombre,
la que retumba en sus oídos y anega su alma,
bajo un desdichado vestido de alambre?
Yo también quisiera darle una moneda,
y sentir a mi corazón temblar alborozado,
pero me resisto a que me mire de ese modo.
Cuando llueve, desde sus cabellos de acerados hilos,
dos rizos se descuelgan sobre sus rígidos senos.
Mientras tanto
Yo sigo allí.
Mojado!
Mojados!
Hambriento, callado, rozando sus trenzas con mi mano.
Sé que tarde o temprano, me abrirá sus ojos.