Ojos como el cielo despejado, azules como el mar de verano, labios como laderas de un prado, deslizándose cuesta abajo. Nariz aterciopelada, suave, risueña, coqueta, para ser pequeña. Pelo como las hojas de otoño sin haberlas arrancado. Cuerpo ¡hay que cuerpo! Como si de griega se hubiese nombrado. Tu corazón como si de una tarta se tratase, suave, tierno y dulce. ¡Que más se puede pedir! Yo un ensoñador y ella un sueño. ¿Podrá ser real? Ni aun para el más experto.