BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
De estilos inviolables y de masas concupiscentes
con trayectos de lluvias azotadoras sin rostro y balbucientes,
yo tengo un amargo sabor a derrota en todas las libaciones
y en todos los aposentos fibrosos que me acompañan.
De castillos y fortalezas con bellezas insondables
y de frágiles estructuras recuperadas de una caricia
incuestionable, yo mando mis huestes de primitivo
aroma, a derrocar símbolos y a utilizar mis serpientes.
Flujo inconsciente de muchos árboles con trozos
de pergaminos sin historia, con anónimos limpiadores
de botas que farfullan, escupiendo, al umbral de
muchas puertas solitarias. Yo guardo un hedor
a derrota entre mis dientes. Un nido de ambiciones
secretas y dolientes.
Mas no son asimilables ambos paisajes demoledores:
con una vaina de cruel brillo, que ardiente pisa los cabellos,
corrige mi vestal madera de sarcófago, la pudibunda intromisión
de reyes con su cola de armadura pestilente. No es un bello
canto el que concurre a estas noches disipadas, ni mentiras
ofrecidas a algún tierno holocausto de maderas y filtraciones.
Son flores de otro tiempo que llevan el polen metido entre
las faldas de amistosas concubinas. ©
con trayectos de lluvias azotadoras sin rostro y balbucientes,
yo tengo un amargo sabor a derrota en todas las libaciones
y en todos los aposentos fibrosos que me acompañan.
De castillos y fortalezas con bellezas insondables
y de frágiles estructuras recuperadas de una caricia
incuestionable, yo mando mis huestes de primitivo
aroma, a derrocar símbolos y a utilizar mis serpientes.
Flujo inconsciente de muchos árboles con trozos
de pergaminos sin historia, con anónimos limpiadores
de botas que farfullan, escupiendo, al umbral de
muchas puertas solitarias. Yo guardo un hedor
a derrota entre mis dientes. Un nido de ambiciones
secretas y dolientes.
Mas no son asimilables ambos paisajes demoledores:
con una vaina de cruel brillo, que ardiente pisa los cabellos,
corrige mi vestal madera de sarcófago, la pudibunda intromisión
de reyes con su cola de armadura pestilente. No es un bello
canto el que concurre a estas noches disipadas, ni mentiras
ofrecidas a algún tierno holocausto de maderas y filtraciones.
Son flores de otro tiempo que llevan el polen metido entre
las faldas de amistosas concubinas. ©