Poetacandente
Poeta asiduo al portal
Mundo profesado.
El eco de una voz aún resuena en mi oído.
Sí, mi piel bebe el sonido a cuestas del silencio.
El sol se raspa al asomarse, y se repone,
y muere agonizando sobre una cama de clavos.
Expulsa la tierra su vómito sobre sí, y se esconde.
Estornuda tanto como tose un cielo engripado.
El planeta, grande, es un eclipse de sol y mar.
Yace su alma sobre sí, que gime tan apuñalada.
A veces, sale el alma macilenta de la noche, quizás,
y el espíritu de la tierra recibe sus salivadas.
Sus cejas frías y exasperadas el sol muestra,
y el alma de la tierra hiere a su propio organismo.
Alguien, con la tierra, colgaba de una pendiente siniestra...
la tomó por sus pies, y caerán luego, o ahora mismo.
El eco de una voz aún resuena en mi oído.
Sí, mi piel bebe el sonido a cuestas del silencio.
El sol se raspa al asomarse, y se repone,
y muere agonizando sobre una cama de clavos.
Expulsa la tierra su vómito sobre sí, y se esconde.
Estornuda tanto como tose un cielo engripado.
El planeta, grande, es un eclipse de sol y mar.
Yace su alma sobre sí, que gime tan apuñalada.
A veces, sale el alma macilenta de la noche, quizás,
y el espíritu de la tierra recibe sus salivadas.
Sus cejas frías y exasperadas el sol muestra,
y el alma de la tierra hiere a su propio organismo.
Alguien, con la tierra, colgaba de una pendiente siniestra...
la tomó por sus pies, y caerán luego, o ahora mismo.