Es una hermosa muñeca: de esas elaboradas de una suave arcilla de polímero, que luego de horneada, obtiene una textura tan dérmica, que si no fuera por la desproporción del cuerpo, se confundiera con una persona. Una característica notoria, son esos ojos plasmando personalidad y alma cuando se les mira fijamente: atributos que por lo común suelen inquietar a quien intentara escrutarlos. La marioneta, está roída por el uso, pero en condiciones para juguetear.
—¡Qué largos cabellos tienes, como para hacerte unas lindas clinejas! —se oye con puerilidad.
Realiza lo dictado. Con ternura, acicala mechón por mechón hasta acabar el trenzado. Maquilla los pómulos anémicos. Intenta remendar cierta cisura, pero ya está pasada la medianoche, y cansada de retozar, la muñeca, decide guardar a la nena en su caja.
—¡Qué largos cabellos tienes, como para hacerte unas lindas clinejas! —se oye con puerilidad.
Realiza lo dictado. Con ternura, acicala mechón por mechón hasta acabar el trenzado. Maquilla los pómulos anémicos. Intenta remendar cierta cisura, pero ya está pasada la medianoche, y cansada de retozar, la muñeca, decide guardar a la nena en su caja.
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