Son esos días que parecen noches,
en que ni la enterna naufrastería común,
ni la conocida jerontoncia privada se reconocen, o
al menos se saludan. En los cuales el intento
desesperado por obtener un guiño gris untológico del
naufragio personal, y el desagravio público, parecen
como un chaleco centrifugado en demasía.
Y entonces, todo me pica, y ni siquiera se salva la yuntaria,
órgano irreconocible del ser disgregado en la parte que mira de frente,
con los ojos marchitos, incólumes, inmáculos, inyuxtados.
No quiero ni estructuras ni gentes, ni voces, ni ciudades,
se cansó el cerebro de crear dibujitos, sobre todo
porque los pixeles si que inutoman la munhti,
y qué le vamos a hacer, a seguir inventándose
asideros, orillas, puertos, naves y tripulantes.
Sigamos la comedia barata, y fulminante,
acabemos de una vez bajo los focos
centelleantes. Ahoguémonos con
el aplauso ensordecedor
de oveja recién
trasquilada.
Y
creamos seguir viviendo,
pensemos que nos sepultarán en la
misma pirámide que a nuestros antepasados.
Que se yo, para mi basta por hoy, por donde (mismo)
y por ningún lado, que me canso de andar inoptunando a
los antecópteros de untiriores espacios vacíos que habrá que llenar
con otros cir(culitos) plomitos, y hacerse el blando y disimular y no dañar.
Si no, dañar mucho, dañar hasta matar hasta que al fin abramos su sepulcro
y el mío.
Después de estos temporales, lo peor,
arreglar los desastres, las campañas solidarias, levantar lo que
llevó año(s),
y para qué, para tener algo que botar con desidia
y que el final del día con su morado insoportable
no penetre tanto la piel, al menos no tanto como para llegar
a la munhti, que es sagrada, y no me la toca
NADIE.
en que ni la enterna naufrastería común,
ni la conocida jerontoncia privada se reconocen, o
al menos se saludan. En los cuales el intento
desesperado por obtener un guiño gris untológico del
naufragio personal, y el desagravio público, parecen
como un chaleco centrifugado en demasía.
Y entonces, todo me pica, y ni siquiera se salva la yuntaria,
órgano irreconocible del ser disgregado en la parte que mira de frente,
con los ojos marchitos, incólumes, inmáculos, inyuxtados.
No quiero ni estructuras ni gentes, ni voces, ni ciudades,
se cansó el cerebro de crear dibujitos, sobre todo
porque los pixeles si que inutoman la munhti,
y qué le vamos a hacer, a seguir inventándose
asideros, orillas, puertos, naves y tripulantes.
Sigamos la comedia barata, y fulminante,
acabemos de una vez bajo los focos
centelleantes. Ahoguémonos con
el aplauso ensordecedor
de oveja recién
trasquilada.
Y
creamos seguir viviendo,
pensemos que nos sepultarán en la
misma pirámide que a nuestros antepasados.
Que se yo, para mi basta por hoy, por donde (mismo)
y por ningún lado, que me canso de andar inoptunando a
los antecópteros de untiriores espacios vacíos que habrá que llenar
con otros cir(culitos) plomitos, y hacerse el blando y disimular y no dañar.
Si no, dañar mucho, dañar hasta matar hasta que al fin abramos su sepulcro
y el mío.
Después de estos temporales, lo peor,
arreglar los desastres, las campañas solidarias, levantar lo que
llevó año(s),
y para qué, para tener algo que botar con desidia
y que el final del día con su morado insoportable
no penetre tanto la piel, al menos no tanto como para llegar
a la munhti, que es sagrada, y no me la toca
NADIE.