Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Yo miraba la noche, murmuraban los astros
la luz entre nosotros, el silencio
de los ojos, mirándonos.
Cada estrella una letra, cada sol
una promesa.
Veo constelada la bóveda que cobija
tus besos, azul la corona y roja
la boca.
Sin ser la primera fuiste la última. ¿Cómo llegaron
Tus manos a acariciar las mías?
Si supiera volar, te habría visto entre las flores, hubiera
flotado en tu jardín y habría estado
en el momento en que tu botón se hizo
flor.
Mi farol, mi florero mi musa entre las diosas
del amor.
Yo vengo caminando de lejos, a tu encuentro, yo
vengo de campos desbastados, donde el amor
no reino.
Yo vengo a tus manos, yo vengo a tus besos y
a dormirme en tu aliento.
Cuando te espero, siento que el mundo termina y
muero de miedo pensando que no llegas.
la ventana es testigo de mis pesares.
Ahora te miro tal como te imagino, estas frente a mí,
ni este sol que se duerme en un atardecer se
compara a los colores , que me dejan tus
ojos , cuando me enfrentas
y me dices
quiero estar junto a ti.
Yo viví la vida, sin ti.
Yo camine solo y me bebí lo dulce y lo amargo.
¡Amor.¡ Viví.
Cada gota de todo, más nunca una tuya sentí.
Ahora lloverán las esperanzas, lloverán esas
cosas que me das, lloverán las rosas y las malditas azucenas,
esas de los amores blancos, que se quedaron sentados en el
tiempo.
Con besos dormidos y muertos.
Yo acaricio el solar de este instante, donde la noche
no quiere acabar, donde el cuerpo no entiende el
cansancio, donde la boca no escucha al
gallo que quiere terminar con su danza.
Yo me duermo ahora, pero en tus brazos, yo me
entrego a los sueños, perdido en tu perfume,
juntos tal como la lagrima espera a la
tristeza, tal como la orilla a su ola.
Aquí duerme mi amor y la miro soñar y respiras en un
ciclo sideral.
La noche nunca es eterna, pero, lo será tu amor, adormecido
en mis ojos, acuñado en tu seno.
Emerges violenta y te tengo, amor... como dejas desflorado el
Rosal, con cada uno de tus besos, con cada nota de tu cuerpo.
Amanece toda la vida, amanece el lucero y el ¡sol¡
Me muestra su cara insolente.
No , quiero tu luz y tu sueño, déjame en el lugar donde
mi flor encontró su verano, donde perecí insomne
ante este amor que me robo la conciencia,
Es la mujer que amo.
La que se durmio tomando mi mano.
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