A mi hermano Federico
Debo hacer una aclaración; durante nuestra estadía en un campo en la Patagonia, en mi adolescencia, debíamos llenar a balde la batea de agua de los cerdos, cuya capacidad era de cinco baldes; ésta era una tarea pesada, pues había que acarrear el agua desde el pozo a roldana, ubicado bastante lejos. En cierta oportunidad, mi padre ordenó que les diéramos agua. Yo (15) le dije a mi hermano (11): - Dice Papá que hay que llevar diez baldes, llevá vos los cinco primeros y yo llevo los restantes -. La bebida se llenó a los cinco baldes, con lo que obtuve una "pequeña ventaja laboral".
Muy caro
Estando sin nada de beber el chancho
una tarde de estío en Choele Choel,
que llenara con agua su batel,
Papá me dijo al recorrer el campo.
Que cinco baldes le llevara él,
le dije a Federico, el inocente,
(alterando el pedido tan urgente),
- La orden son diez baldes a nivel -.
Al quinto balde rebalsó el tonel,
y no habiendo otra cosa ya pendiente,
esbocé mi mejor sonrisa cruel.
Y me remuerde cada día, el
(medio siglo ha pasado hasta el presente),
haber usado del hermano fiel.
E. L. de la B.
septiembre 2007