NADA
Nunca habría sospechado que aquello no era lo que parecía. El tiempo le estaba jugando una mala pasada, y la noche se le mostraba más densa y oscura que nunca. Cogió un cigarrillo y lo encendió despacio, con parsimonia desesperante. Con un prolongado soplido apagó la cerilla. Una calada profunda inundó sus pulmones de humo. Se volvió hacia el camino del lago y, mientras encendía su linterna, una fugaz imagen puso algo de brillo en su casi inerte mirada. Apenas había andado unos cien pasos cuando el estrecho haz de su linterna iluminó la silueta de su tienda de campaña. Arrojó la colilla al suelo, abrió la tienda, y se metió en el saco de dormir. Sin duda, mañana amanecería un nuevo día.
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Churrete