Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
No había muchas ganas por inventarme nada. Recorría los pasillos absolutamente blancos, y por aquí y por allá, infinidad de destrozos.
-Preguntado con ojos viscosos, desde la penumbra: ¿Quién viene? Casi escuchaba y veía como se repetían, de forma letárgica.
-Nadie, nadie...
Palabras de zarpa que se dibujaban por toda la estancia. Pero al final del pasillo, era realmente el abismo, porque yo lo sabía. Sabía del nudo en la garganta y las ventanas, tan necias, de aquellos espectadores de piedra que a lo lejos tapizaban el camino a casa.
-Yo lo sabía...
Y cada madrugada, algo menos parecido a mí, te cuidaba.
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