Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mar avísame,
para besar juntos sus pies
y que sus huellas las dejes hundidas,
cuando vuelvas a encontrarte con tu savia.
Brisa llámame,
para acompañarte al encuentro de su piel
y que con mi roce estremezca su pensar,
y con mi susurro su oído acariciar.
Llovizna tolera ser parte de tus lágrimas,
para dejarme llevar por sus mejillas,
y de ellas saciarme,
cuando se aparezca la pena insolente.
Trueno consiente asirme de tu grito,
para que mi ahogo se explote desde mi garganta
que seca mastica su nombre
quejándose por el dolor de pronunciar sus letras.
Tempestad préstame tu furia natural
para que el coloso que guardo dentro
pueda sostener estos versos,
que en heridas se están convirtiendo.
Quejido pavoroso ostento,
que sórdido se está quedando,
desde dentro de mis tripas retorcidas,
por cada mar que avisto,
por cada brisa que me lleva,
por cada llovizna que lagrimea,
por cada trueno que grito,
y que todo junto se ha vuelto tempestad,
para que mi auxilio furibundo sea escuchado,
desde aquí adentro,
preciso desde el centro de mi pecho...
para besar juntos sus pies
y que sus huellas las dejes hundidas,
cuando vuelvas a encontrarte con tu savia.
Brisa llámame,
para acompañarte al encuentro de su piel
y que con mi roce estremezca su pensar,
y con mi susurro su oído acariciar.
Llovizna tolera ser parte de tus lágrimas,
para dejarme llevar por sus mejillas,
y de ellas saciarme,
cuando se aparezca la pena insolente.
Trueno consiente asirme de tu grito,
para que mi ahogo se explote desde mi garganta
que seca mastica su nombre
quejándose por el dolor de pronunciar sus letras.
Tempestad préstame tu furia natural
para que el coloso que guardo dentro
pueda sostener estos versos,
que en heridas se están convirtiendo.
Quejido pavoroso ostento,
que sórdido se está quedando,
desde dentro de mis tripas retorcidas,
por cada mar que avisto,
por cada brisa que me lleva,
por cada llovizna que lagrimea,
por cada trueno que grito,
y que todo junto se ha vuelto tempestad,
para que mi auxilio furibundo sea escuchado,
desde aquí adentro,
preciso desde el centro de mi pecho...