RicardoMarcelo
Poeta recién llegado
De los Hastíos,
navego en orillas
en alta mar.
Izo las velas
cual caminante disolvió,
eterna gratitud de lo humano,
cualquier índole de su alter ego.
Solo fue un soplido,
cual acope sonó,
un letárgico estruendo,
en tú alma.
No fue silencioso,
fue ruidoso,
o tal vez inocuo,
sin sabor de tus sentidos,
solo un cuidar,
de este instante.
Dejaré de izar la bandera,
dejaré caer mis ideas,
pero no; mi mente,
que es lo único,
que reposa en mi inmortalidad.
Y aún así, soplará,
el viento con estruendo,
sin variar.
Y cuando rompan las olas de tú ser,
callaré en tú gratitud,
donde izan las malas ideas,
dentro de las rocas
incesantes de tú mente.
Déjame
a un solo naufragio,
una sola braza sempiterna,
un solo respiro,
un solo nadar,
de este suplicio interminable,
de una idea que nunca,
se ahogo.
navego en orillas
en alta mar.
Izo las velas
cual caminante disolvió,
eterna gratitud de lo humano,
cualquier índole de su alter ego.
Solo fue un soplido,
cual acope sonó,
un letárgico estruendo,
en tú alma.
No fue silencioso,
fue ruidoso,
o tal vez inocuo,
sin sabor de tus sentidos,
solo un cuidar,
de este instante.
Dejaré de izar la bandera,
dejaré caer mis ideas,
pero no; mi mente,
que es lo único,
que reposa en mi inmortalidad.
Y aún así, soplará,
el viento con estruendo,
sin variar.
Y cuando rompan las olas de tú ser,
callaré en tú gratitud,
donde izan las malas ideas,
dentro de las rocas
incesantes de tú mente.
Déjame
a un solo naufragio,
una sola braza sempiterna,
un solo respiro,
un solo nadar,
de este suplicio interminable,
de una idea que nunca,
se ahogo.
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