Cesar Cabello Araya
Poeta recién llegado
Ven, necesito escuchar de ti tus palabras,
tu voz suave para mí diciendo tantas cosas,
estoy desnudo de tu voz, mas no me hablas,
tus silencios hieren como espinas de rosas.
El tiempo cambia, también tus sentimientos,
tus palabras dulces de amor ya no son nada,
intento dibujar con mis manos los momentos,
aquellos instantes que se fueron con el alba.
Instantes apreciados en noches solitarias,
que tus palabras eran mi única compañía,
no estas y mis oídos necesitan escucharlas,
que se duerme la noche, y me mata el día.
Oír de tus labios la ansiada voz melodiosa,
el timbre, su sonido, de pajaritos, bello trinar,
que envolvían mis sueños de forma curiosa,
alegrando mi vida, alentando su bello soñar.
Te has ido por caminos de silencios vestidos,
tu voz inaudible, tan débil no llega a mí sentir,
el ruido del tiempo bullicioso en que vivimos,
no se hace mi cómplice, para tu voz lograr oír.
Y escapo, escapo por las sendas que caminaste,
por caminos pedregosos llenos de tierra y roca,
por paisajes invernales donde nunca me hablaste,
que recorro y muero, como la palabra en tu boca.
Me duermo en tu silencio, con tu ausencia vestido,
mis oídos se han cerrado al bello sonido de la vida,
quimeras soñadas en mi invierno me han vencido,
no oí más tus palabras, no pude sanar mis heridas.
tu voz suave para mí diciendo tantas cosas,
estoy desnudo de tu voz, mas no me hablas,
tus silencios hieren como espinas de rosas.
El tiempo cambia, también tus sentimientos,
tus palabras dulces de amor ya no son nada,
intento dibujar con mis manos los momentos,
aquellos instantes que se fueron con el alba.
Instantes apreciados en noches solitarias,
que tus palabras eran mi única compañía,
no estas y mis oídos necesitan escucharlas,
que se duerme la noche, y me mata el día.
Oír de tus labios la ansiada voz melodiosa,
el timbre, su sonido, de pajaritos, bello trinar,
que envolvían mis sueños de forma curiosa,
alegrando mi vida, alentando su bello soñar.
Te has ido por caminos de silencios vestidos,
tu voz inaudible, tan débil no llega a mí sentir,
el ruido del tiempo bullicioso en que vivimos,
no se hace mi cómplice, para tu voz lograr oír.
Y escapo, escapo por las sendas que caminaste,
por caminos pedregosos llenos de tierra y roca,
por paisajes invernales donde nunca me hablaste,
que recorro y muero, como la palabra en tu boca.
Me duermo en tu silencio, con tu ausencia vestido,
mis oídos se han cerrado al bello sonido de la vida,
quimeras soñadas en mi invierno me han vencido,
no oí más tus palabras, no pude sanar mis heridas.