Utilizo mas que tinta negra,*
uso lagrimas de mis propios ojos,
arroyos lacrimosos de mi corazón,
un corazón que tras tristezas se alegra y la echa de menos al cerrarle cerrojos,
yace loco y por ella pierde la razón.
Élla lo esconde metros bajo tierra
con los puños llenos a manojos
de escombro y polvo,*ocultando el candór.
Fue culpa mía, fué culpa de élla,
la gran culpa de dos locos*
enamorados que un día congelaron el calór.
Oceanos de tinta derrocho
Y la tinta que tan íngrimo lloro
es negra como mi amarga tristeza
al alejarse de mi boca el sabór
de sus dulces labios la mañana eterna,
sentados a solas, cara a cara y sólo
siendo dos locos padeciendo amór.
Este triste rincón me enferma
Y me saca del éden donde un estorbo*
soy, y engulle el amargo sabór*
de mi corazón que a la lejanía se envenena,
cae grogui, pero se levanta y muere poco a poco,
esperando renacer despues de tanto ardór.
La prepotencia suya me obsequia mas tristeza,*
Y tras estos humedos ojos escondo
la soledad y vacio que me regaló
al desviar el recorrido de ambas sendas,
Élla subió al éter, yo entre al mar hondo
donde no existe el oxigeno y arden petalos,
donde la materia gris es una rosa seca y tiesa,
donde mi pecho en picada cae borrando el letargo
como hundido barco en el atlantico rozando el fondo,
donde una caricia es una roca y pesa
su boca que expresa con tonos amargos
las palabras que a cualquier hombre llena de escombro
y a cualquier cazador lo hace presa
enjaulada por periodos de meses largos
hasta esconder la cabeza entre sus hombros,
y con su fragil torre de papel que no se endereza,
yace inclinada al borde, destruida y con estragos,
Sin angeles, sin monumentos, ni estatuas, ni adornos,
con un rey sin reina, con un principe sin princesa,
con una torre despoblada de arlequines, caballeros y magos
y el camino de atalaya a entrada sin retorno.
uso lagrimas de mis propios ojos,
arroyos lacrimosos de mi corazón,
un corazón que tras tristezas se alegra y la echa de menos al cerrarle cerrojos,
yace loco y por ella pierde la razón.
Élla lo esconde metros bajo tierra
con los puños llenos a manojos
de escombro y polvo,*ocultando el candór.
Fue culpa mía, fué culpa de élla,
la gran culpa de dos locos*
enamorados que un día congelaron el calór.
Oceanos de tinta derrocho
Y la tinta que tan íngrimo lloro
es negra como mi amarga tristeza
al alejarse de mi boca el sabór
de sus dulces labios la mañana eterna,
sentados a solas, cara a cara y sólo
siendo dos locos padeciendo amór.
Este triste rincón me enferma
Y me saca del éden donde un estorbo*
soy, y engulle el amargo sabór*
de mi corazón que a la lejanía se envenena,
cae grogui, pero se levanta y muere poco a poco,
esperando renacer despues de tanto ardór.
La prepotencia suya me obsequia mas tristeza,*
Y tras estos humedos ojos escondo
la soledad y vacio que me regaló
al desviar el recorrido de ambas sendas,
Élla subió al éter, yo entre al mar hondo
donde no existe el oxigeno y arden petalos,
donde la materia gris es una rosa seca y tiesa,
donde mi pecho en picada cae borrando el letargo
como hundido barco en el atlantico rozando el fondo,
donde una caricia es una roca y pesa
su boca que expresa con tonos amargos
las palabras que a cualquier hombre llena de escombro
y a cualquier cazador lo hace presa
enjaulada por periodos de meses largos
hasta esconder la cabeza entre sus hombros,
y con su fragil torre de papel que no se endereza,
yace inclinada al borde, destruida y con estragos,
Sin angeles, sin monumentos, ni estatuas, ni adornos,
con un rey sin reina, con un principe sin princesa,
con una torre despoblada de arlequines, caballeros y magos
y el camino de atalaya a entrada sin retorno.