AMANT
Poeta adicto al portal
Negros ojos, ¡tan bellos!,
firmamentos que la noche posee,
espejos en los que se refleja Eros,
lagos celestes en cuyas aguas ennegrecidas
se bañan Venus y Afrodita.
Negros ojos
de fuscas pupilas,
que imantan las mías,
que, con la blancura eucarística
de esos globos
que me llevan al cielo, contrastan,
que la luz infinita de tu alma irradian.
Negros ojos,
discos que giran
y hacen sonar
la más hermosa de las melodías:
la melodía del amor.
Negros ojos,
retratos al carbón de la melancolía,
astros misteriosos
que, sobre todo y sobre todos,
destellos de ternura, envían.
A la gloria misma,
los túneles de tus ojos
conducen el alma mía,
son mariposas
que abren y cierran sus alas
sobre la rosácea flor de tu cara.
Tus ladrones ojos
de negro ataviados
han usurpado la eternidad del tiempo
y la oscuridad del espacio.
Negros ojos: ¡No me nieguen sus miradas
que todo lo eclipsan!
¡No me priven de leer
en sus oscuras páginas
la más bella poesía!
Rejas de ébano
aprisionan dos niñas mudas hermosas
que lloran
en la penumbra
de sus escuetos calabozos.
Negros ojos,
los tuyos,
domadores de la fiera escarlata
que dentro de mi pecho habita,
carbones que el fuego del deseo avivan.
firmamentos que la noche posee,
espejos en los que se refleja Eros,
lagos celestes en cuyas aguas ennegrecidas
se bañan Venus y Afrodita.
Negros ojos
de fuscas pupilas,
que imantan las mías,
que, con la blancura eucarística
de esos globos
que me llevan al cielo, contrastan,
que la luz infinita de tu alma irradian.
Negros ojos,
discos que giran
y hacen sonar
la más hermosa de las melodías:
la melodía del amor.
Negros ojos,
retratos al carbón de la melancolía,
astros misteriosos
que, sobre todo y sobre todos,
destellos de ternura, envían.
A la gloria misma,
los túneles de tus ojos
conducen el alma mía,
son mariposas
que abren y cierran sus alas
sobre la rosácea flor de tu cara.
Tus ladrones ojos
de negro ataviados
han usurpado la eternidad del tiempo
y la oscuridad del espacio.
Negros ojos: ¡No me nieguen sus miradas
que todo lo eclipsan!
¡No me priven de leer
en sus oscuras páginas
la más bella poesía!
Rejas de ébano
aprisionan dos niñas mudas hermosas
que lloran
en la penumbra
de sus escuetos calabozos.
Negros ojos,
los tuyos,
domadores de la fiera escarlata
que dentro de mi pecho habita,
carbones que el fuego del deseo avivan.