NI RASTRO
Cuentan:
que sus dedos quebrados y a trozos, caían sobre las palabras que salpicaban el desorden de sus papeles sucios. Que sus ojos, un día borroso, se escaparon de sus órbitas para alejarse flotando junto auna nube y trenzarse a una ráfaga de viento que porvocaba al risco.Y sus pies se desprendieron una tarde de sus piernas, para iniciar por su cuenta un viaje de ida e ida.
Me contaron:
que al ponerse en pie aquella mañana, no encontró donde posarse sintiendo aún así, la inercia de buscar un trozo de tierra húmeda donde echar raices, y sus brazos, se desataron de su tronco aquella siesta y volaron dudosos, tras una bandada de pájaros de primavera.
Igualmente se oía decir:
que algún día, se entabló una lucha feroz entre su vientre y su pecho y aquel, quedó seco y solitario y en su pecho quedó un corazón herido de muerte infinita.
No se halló rastro de alma.
Eran entonces tiempos largos, de días cautivos y momentos escondidos.
MiTRaL
Cuentan:
que sus dedos quebrados y a trozos, caían sobre las palabras que salpicaban el desorden de sus papeles sucios. Que sus ojos, un día borroso, se escaparon de sus órbitas para alejarse flotando junto auna nube y trenzarse a una ráfaga de viento que porvocaba al risco.Y sus pies se desprendieron una tarde de sus piernas, para iniciar por su cuenta un viaje de ida e ida.
Me contaron:
que al ponerse en pie aquella mañana, no encontró donde posarse sintiendo aún así, la inercia de buscar un trozo de tierra húmeda donde echar raices, y sus brazos, se desataron de su tronco aquella siesta y volaron dudosos, tras una bandada de pájaros de primavera.
Igualmente se oía decir:
que algún día, se entabló una lucha feroz entre su vientre y su pecho y aquel, quedó seco y solitario y en su pecho quedó un corazón herido de muerte infinita.
No se halló rastro de alma.
Eran entonces tiempos largos, de días cautivos y momentos escondidos.
MiTRaL