Debastadora la sorpresa del atardecer.
Hoy, igual que ayer me involucro en tus asuntos
y hayo un lugar en mi mente
desconocido hasta ahora.
Que pena que con la aurora te desbanezcas así:
feroz y trájica.
Dolorido el corazón y el pesar de la conciencia
sutil por tu extravagancia que me apresa entre tus manos.
Y las mías sujetan fuertemente la botella
medio vacía siempre.
Sé que mientes y
comenzado el ritual te desposo y me da igual
como termine esta farsa.
Solo sé que a la mañana
no hallaré ninguna cama que me abstenga del dolor.
Mas esta sin razón ha de tener un motivo
abro brecha al corazón malherido
que viaja en el soporte de mi cuerpo sin alma
por tu arrogancia.
Bendita magia la noche y maldita la mañana
que prende de desconsuelo mi razón.
Y entonando una canción de despedida
me vuelvo a decirte adios y me haces un guiño raro que me dice que otra vez me has vencido.