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Niña Cementerio (eterno Luto Azul).

El viejo cementerio de Comodoro Rivadavia (a la orilla del Golfo de San Jorge- Patagonia Argentina), situado frente al cerro Chenque, fue un día erradicado porque se lo consideraba “antiestético”:¡Cómo el turismo iba a ver un camposanto a la entrada de la ciudad!. Allí reposaba mi papá, un muchachito al que se lo llevó un accidente cuando era excesivamente joven y yo recién nacida. Cada año me llevaban a visitar ese cementerio marítimo, antiquísimo, en cuyas entrañas los huesos de los difuntos producían un fenómeno llamado fluorescencia. Aún cuando lo arrancaron de cuajo, tales reflejos persisitieron como reflectores fugaces de la noche de la ciudad del viento y del petróleo. Quizás por ello, jamás pudo prosperar allí emprendimiento comercial alguno – afortunadamente- dado que hubo planes de hacer desde un Camping hasta un Hotel Cinco Estrellas.
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NIÑA CEMENTERIO (Eterno Luto Azul).

Qué veía la niña
Cementerio:
Camposanto-marsanto,
Balneario de Los Muertos,
yacimientos yacientes. Noctámbulas
danzaban lunas de huesos,
qué temía la niña
Cementerio:
la Maldición del Chenque,
mortuorio mirador vigía
desgranándose
Siempre.
Qué pisaba la niña
Cementerio:
montículos inciertos,
lamidas tumbas
por semen del océano,
cópula de Cielo y Mar Abierto.
Recónditos marinos
que aún deambulan, almas tenoras.
Cerro Chenque,
voz pehuenche,
zumba y fuga.
Reseca sangre búlgara,
africana, española.
Militantes del Viento y oros negros
- ¡ah, mis abuelos!-
qué lloraba la niña
Cementerio:
la memoria vacía
del padre-niño-roto
(eterno luto azul de Comodoro)
responso eólico ululante
réquiem de aerófonos
oboes in crescendo. Chirimías oía
y qué sentía. Aguijón ventolinas,
rasguños en las piernas
turbas blandiendo
su enagüita. Paspadas las manos
pequeñitas. Erosión de bombardas,
liturgia ahonikenk.
Perenne arullo funeral,
sardanas sacras.
Qué aprendía la niña
Cementerio:
la Maldición del Chenque.
No Mudarás Los Muertos.
No a los acampantes
Difuntos del Desierto.



Mención de Honor otorgado por el FONDO NACIONAL DE LAS ARTES en el concurso de Poesía Raúl González Tuñón.



Es un poema precioso Ciela.
Un precioso motivo para escribir, para seguir en contacto
con aquellos a quienes se quiere...

Felicitaciones por su mención, estoy muy contento
de haber podido leer este poema resucitado.
Un beso, amiga.
 
David Juan Rueda Márquez;359572 dijo:
Es un poema precioso Ciela.
Un precioso motivo para escribir, para seguir en contacto
con aquellos a quienes se quiere...

Felicitaciones por su mención, estoy muy contento
de haber podido leer este poema resucitado.
Un beso, amiga.


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Gracias por aportar a tal resurrección, David, justito hoy que La Rosita anda volando. Es un modo de acercarla a su gran amor y así eternizarlos con menos luto ya y con presencias multicolores.
Gracias por la tuya, siempre.

Un gran abrazo.
 
Ciela de fantasmas infantiles
que nos recuerdan el respeto.
Tradición y magia entre metáforas
geniales de fuerza mayor.

lamidas tumbas
por semen del océano,
cópula de Cielo y Mar Abierto.


Mi admiración consabida
entre emociones que tus palabras
saben siempre tañer en mis huesos.


Por cierto, en cuanto al premio, que menos.
Ya sabes que en tu caso alcanzar más,
es sólo participar.
 
Ciela de fantasmas infantiles
que nos recuerdan el respeto.
Tradición y magia entre metáforas
geniales de fuerza mayor.

lamidas tumbas
por semen del océano,
cópula de Cielo y Mar Abierto.


Mi admiración consabida
entre emociones que tus palabras
saben siempre tañer en mis huesos.


Por cierto, en cuanto al premio, que menos.
Ya sabes que en tu caso alcanzar más,
es sólo participar.


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Viento admiradísimo: Los mejores premios están aquí sin duda alguna.
No sabés cómo danzan los fantasmas su danza de esfumarse cuando el que me premia es el incesante Viento amadísimo de Tomeu.

Muchas Gracias y Abracísimos Cielares para el vientecillo de todos mis Mares.
 
Preciosura de poema, tristeza grande lo del cementerio, toda una pena aquello, yo conozco Comodoro y ahora, gracias a tu poema, tengo idea de aquel cementerio. Te mando un gran beso Cielita, no nos descanses nunca.
muac!
 
Preciosura de poema, tristeza grande lo del cementerio, toda una pena aquello, yo conozco Comodoro y ahora, gracias a tu poema, tengo idea de aquel cementerio. Te mando un gran beso Cielita, no nos descanses nunca.
muac!

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Cuando vuelvas a Comodoro Rivadavia, poco antes de entrar a la zona céntrica por la Ruta 3, justo frente al Cerro Chenque, verás nomás a tu izquierda, al Mar. Entonces, querido Jaime, sabrás que en esa inmensidad azul y atlántica, hay algo muy mío y por lo tanto, desde ahora, también tuyo.

Gracias, Jaime, por acompañarme hasta la Patagonia. Recién me levanto, así que nada de descanso... ja ja ja.

BesoAbrazo.
 
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