Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Niña, ¡que tarde has venido!
Hace tanto que te espero...
que los amores arteros
-a falta de tu cariño-
han malogrado mi espíritu
y mi corazón, desecho.
Hoy, soy refugio maltrecho
de tu amor; que peregrino,
debiera seguir camino
prefiriendo el raso cielo.
¡Y mira cuantas estrellas!
Te depara el firmamento.
Y el magro candil que enciendo,
para ver tu cara bella.
Mira... la luna indiscreta,
argentando mis cabellos.
¿Y no destella el desprecio
en tu mirada serena...?
¡No quiero! que sientas pena.
Ni que me digas: te quiero.
¡Me dan ganas de arrancarle,
quince años a mi historia!
Y de mi ánimo y memoria;
furores e ingenuidades
tornar para agasajarte
¡con lo mejor de mi gloria!
Pero el tiempo no perdona...
Y defiende su baluarte.
Niña, ¿que haces abrazándome?
¿!Acaso eres ciega y sorda!?
Niña... ¡Que a tiempo llegaste!
...
Hace tanto que te espero...
que los amores arteros
-a falta de tu cariño-
han malogrado mi espíritu
y mi corazón, desecho.
Hoy, soy refugio maltrecho
de tu amor; que peregrino,
debiera seguir camino
prefiriendo el raso cielo.
¡Y mira cuantas estrellas!
Te depara el firmamento.
Y el magro candil que enciendo,
para ver tu cara bella.
Mira... la luna indiscreta,
argentando mis cabellos.
¿Y no destella el desprecio
en tu mirada serena...?
¡No quiero! que sientas pena.
Ni que me digas: te quiero.
¡Me dan ganas de arrancarle,
quince años a mi historia!
Y de mi ánimo y memoria;
furores e ingenuidades
tornar para agasajarte
¡con lo mejor de mi gloria!
Pero el tiempo no perdona...
Y defiende su baluarte.
Niña, ¿que haces abrazándome?
¿!Acaso eres ciega y sorda!?
Niña... ¡Que a tiempo llegaste!
...