Luis Arapato
Poeta recién llegado
Niñas bien
Con mi típica neutralidad,
con mi lenguaje cuasi-formal,
con mi ropa y mis zapatillas
que disimulan mi ingreso familiar
y una educación con la que me dedico a enseñar
no pude impedir las miradas exotizantes
de los que son la primera clase.
Pues bien, en sus altas terrazas
a veces me voy a encontrar
con los míos que habitan entre ellos,
los que llegaron sin un peso
a buscarse el futuro con el poder de su cerebro
aceptando deudas eternas con el Estado.
¿Y qué es lo que ha pasado?
Con los míos jugábamos a recordar
el tráfico en la escuela y otras cosas más,
lo peligroso del viejo barrio
y lo extraño que se sintió pisar la universidad.
Los míos me preguntaron
si aún llevaba ese puñal,
yo del bolsillo derecho de mi chaqueta a sus manos
que siempre supieron manejarlo con habilidad.
De tres:
A elegir la victima y el lugar por donde escapar.
Abordarla de frente pidiendo cooperación.
Por la espalda obligarle a sentir el frío del metal.
Entre risas recordábamos como el arte
De la logística, la ejecución cualificada,
y nuestra psicología delictual
desembocaron en dos ingenieros y un profesor de historia
hasta que del grupo de las niñas bien
una que también conocía a los míos
los obligo a guardar mi puñal,
le ponía nerviosa según dijo.
En fin,
no me molestó
no están acostumbradas a esas vidas
tan comunes para tantos.
Pero luego las cosas fueron diferentes
sus cervezas con nombres en alemán se terminaron,
las niñas bien con natural desinhibición
se nos acercan con una sola pregunta
¿tienen algo que podamos probar?
ahí supe que siempre estuvieron escuchándonos.
Yo no les pude negar su derecho a experimentar,
cuestión imposible para los demás
que estamos obligados a conciliar la violencia de la desigualdad
con esta sociedad que nos fue heredada.
ARAPATO
20/11/009
Con mi típica neutralidad,
con mi lenguaje cuasi-formal,
con mi ropa y mis zapatillas
que disimulan mi ingreso familiar
y una educación con la que me dedico a enseñar
no pude impedir las miradas exotizantes
de los que son la primera clase.
Pues bien, en sus altas terrazas
a veces me voy a encontrar
con los míos que habitan entre ellos,
los que llegaron sin un peso
a buscarse el futuro con el poder de su cerebro
aceptando deudas eternas con el Estado.
¿Y qué es lo que ha pasado?
Con los míos jugábamos a recordar
el tráfico en la escuela y otras cosas más,
lo peligroso del viejo barrio
y lo extraño que se sintió pisar la universidad.
Los míos me preguntaron
si aún llevaba ese puñal,
yo del bolsillo derecho de mi chaqueta a sus manos
que siempre supieron manejarlo con habilidad.
De tres:
A elegir la victima y el lugar por donde escapar.
Abordarla de frente pidiendo cooperación.
Por la espalda obligarle a sentir el frío del metal.
Entre risas recordábamos como el arte
De la logística, la ejecución cualificada,
y nuestra psicología delictual
desembocaron en dos ingenieros y un profesor de historia
hasta que del grupo de las niñas bien
una que también conocía a los míos
los obligo a guardar mi puñal,
le ponía nerviosa según dijo.
En fin,
no me molestó
no están acostumbradas a esas vidas
tan comunes para tantos.
Pero luego las cosas fueron diferentes
sus cervezas con nombres en alemán se terminaron,
las niñas bien con natural desinhibición
se nos acercan con una sola pregunta
¿tienen algo que podamos probar?
ahí supe que siempre estuvieron escuchándonos.
Yo no les pude negar su derecho a experimentar,
cuestión imposible para los demás
que estamos obligados a conciliar la violencia de la desigualdad
con esta sociedad que nos fue heredada.
ARAPATO
20/11/009